Un menorquín en América

¡Al diablo los torpedos!  ¡Avante toda!

Tras la pérdida de Nueva Orleans, a los sudistas les quedaba aún un último bastión, Mobile, un formidable puerto desde donde los estados del Sur se aprovisionaban de armamento a través del comercio que mantenían con Europa. La enorme importancia de este enclave hizo que los confederados redoblaran sus defensas. El fuerte Morgan dominaba la bahía de Mobile, el temible acorazo “Tennessee” encabezaba una poderosa armada y un arsenal de minas submarinas protegía la bocana del puerto.
Agosto de 1864, a sus sesenta y tres años Farragut ha llegado al momento más decisivo de toda su carrera. David es consciente de ello y ante la posibilidad de un fatal desenlace, en la noche del 4 de Agosto envía una carta de despedida a su esposa. A la mañana siguiente, navega con determinación hacia Mobile. Los nordistas tienen el firme objetivo de penetrar en aquella bahía cueste lo que cueste. Todos saben que la lucha va a ser feroz y el Contralmirante Farragut ordena que lo aten a la jarcia de su buque, el “Hartford”, para dirigir desde lo alto la batalla. Un símbolo de la épica que está a punto de acontecer.
Las cosas no empiezan bien para los unionistas, el navío “Tecumesh” se topa con una mina y en cuestión de minutos es sepultado bajo las aguas. Nervios, tensión, dudas, ……, los oficiales se miran unos a otros sin saber qué hacer, los marineros parecen paralizados. Son apenas unos instantes pero parecen horas. Tiene que ser el propio Farragut el que acabe con los titubeos al grito de:

¡Al diablo los torpedos (minas), avante a toda máquina!

Una pequeña arenga con la que el norteamericano pasó a la Historia y que sirvió para recuperar la moral de sus hombres. No había marcha atrás, todos sabían que aquel día la consigna era “vencer o morir”.
Así las cosas, con el ánimo enaltecido, el convoy siguió adelante. En más de una ocasión los marineros tuvieron que contener la respiración al escuchar como el casco de sus barcos rozaba alguna de las minas. Afortunadamente para ellos, no explotó ninguna más y la flota nordista consiguió atravesar el estrecho corredor que daba acceso al puerto de Mobile. Allí se encontraron de bruces con el imponente acorazado “Tennessee”, la joya de la marina confederada, hábilmente gobernado por el Capitán Buchanan. La fragata “Hartford” parecía diminuta al lado de aquel colosal buque de guerra pero Farragut no se amilanó. El Contralmirante dispuso a toda su flota a la carga contra el acorazado. Era la única forma de poder hacer daño a tan poderoso enemigo. Tal como se preveía, el combate fue encarnizado. Las andanadas de los cañones no cesaban, el ruido era ensordecedor y el humo cubría toda la bahía. Tras varias horas de lucha enconada, de pronto reinó el silencio. Buchanan había izado bandera blanca, los sudistas perdían a su buque insignia.
8. Batalla Mobile
Sin el apoyo de la marina, días más tarde se produjo la rendición de los dos fuertes que protegían la bahía de Mobile. David Farragut había cumplido con éxito una misión suicida. El bloqueo marítimo impuesto a los estados del Sur era total y era ya solo cuestión de tiempo que el conflicto se decantase definitivamente a favor de la Unión.

Fue una de las victorias más difíciles de mi vida y la batalla más angustiosa en la que luché desde los días de la Essex

El ejército confederado todavía presentó batalla durante algunos meses más pero tras la caída de su capital, Richmond, a manos del General Grant, finalmente tuvo que capitular en Abril de 1865.
Las hazañas de Farragut no pasaron inadvertidas para sus paisanos. Tras finalizar la guerra el marino disfrutó de numerosos homenajes y celebraciones que recibió con agrado y también con humildad.

Me parece que no soy merecedor de vuestros elogios. No he hecho más que cumplir con mi deber, según mis capacidades, y todo lo debo a mi suerte y a mis compañeros, los Oficiales que han servido conmigo. Desde la edad más temprana estoy al servicio de mi Patria, y mi padre ya la sirvió antes que yo. Es verdad que la suerte nos ha favorecido, y por todo eso, y por amor a la Patria, doy gracias al Todopoderoso.

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  1. marc dice:

    Como menorquín, me ha emocionado encontrar este relato de uno de nuestros personajes ilustres. Creo que el Almirante Farragut es injustamente desconocido para muchísima gente, incluso en Menorca, y me alegra que usted lo haya “rescatado” en un blog tan bonito como este. Gracias, un saludo.

    • J. Suescun dice:

      Gracias a usted por comentar Marc. Yo también pienso que Farragut es sorprendentemente desconocido, pero lamentablemente no es el único caso. Hay multitud de ejemplos de ello. Espero disponer de tiempo suficiente para traer a este espacio otros personajes también olvidados.
      Saludos.

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