Un menorquín en América

Tras la peleada independencia de las trece colonias comenzó la expansión territorial de aquella nación recién nacida que acabaría siendo el destino de millones de europeos. El Oeste norteamericano se presentaba como un inmenso territorio lleno de oportunidades para los aventureros, los buscavidas, o para cualquiera que quisiera empezar de cero lejos de la vetusta Europa.

8. Jorge Ferragut

Jorge Ferragut fue uno de aquellos pioneros que buscó prosperar lejos de su patria. Tras una vida plagada de aventuras, el menorquín encontró el sosiego de la vida familiar en un pequeño pueblo de Tennessee donde intentó olvidar los sinsabores de la guerra. Allí quiso dar carpetazo a su hasta entonces azarosa existencia, recuperando su vida civil y volcándose en su familia. Poco sabía entonces que, ya en su madurez, volvería a coger las armas a consecuencia de la guerra que en 1812 enfrentaría de nuevo a ingleses y norteamericanos. Tampoco imaginaba en aquel momento que el segundo de sus hijos, James, estaba llamado a inscribir su nombre con letras de oro en la historia militar de los Estados Unidos de América.

David Glasgow Farragut

El 5 de Julio de 1801 nacía en Stony Point, muy cerca de la ciudad de Knoxville, James Glasgow Farragut. Con toda seguridad fue una cuestión fonética la que convirtió la “e” del apellido Ferragut en una “a”. En cuanto al nombre de pila, pronto veremos porque James cambió su nombre por el de David.
La familia Farragut se había mudado a Nueva Orleans y la infancia de James transcurría con normalidad hasta que una desgraciada enfermedad se llevó por delante a Elisabeth Shine, la madre del pequeño. La placidez de la vida familiar se había roto y el patriarca se encontró solo al frente de cinco vástagos. En aquel contexto, y transcurrido algún tiempo desde la muerte de su esposa, Jorge no recibió con desagrado el ofrecimiento que le hizo el oficial de marina David Porter. Porter propuso llevarse con él al pequeño James y tutelar su formación como guardiamarina; era la manera de agradecer las atenciones y los cuidados que los Farragut dispensaron a su padre en el lecho de muerte. Éste había fallecido a consecuencia de la misma epidemia que se llevó a Elisabeth Shine y que asoló la ciudad de Nueva Orleans en 1807.
Así las cosas, el pequeño James conoció la disciplina y el sacrificio a muy temprana edad. El capitán David Porter no solo ejerció de instructor del chico sino que adoptó un papel cercano al de padre adoptivo y tuteló igualmente la formación humana del guardiamarina. Este fuerte vínculo propició que algún tiempo más tarde el joven Farragut adoptase el nombre de David, en detrimento de James, en reconocimiento a su tutor.
David Glasgow Farragut pronto empezó a demostrar sus enormes cualidades como marino. Las circunstancias hicieron que el aprendizaje del cadete se viese acelerado a velocidad de vértigo al desatarse una nueva guerra anglo-americana en 1812. El conflicto sorprendió a David embarcado en la Fragata Essex que bajo el mando del Capitán Porter tenía como misión bloquear las rutas comerciales frecuentadas por lo navíos ingleses. La Essex pronto se vio envuelta en durísimas batallas en mitad del océano que le fueron empujando hacia el sur del continente americano. Fue un periplo lleno de adversidades donde día a día se iba fraguando el temple del joven marino. David Farragut podía presumir, con tan solo trece años de edad, haber doblado el Cabo de Hornos, todo un orgullo para cualquier hombre de mar.

Era necesario adoptar rápidamente una decisión, porque nuestras provisiones disminuían [……] Tratar de regresar a los Estados Unidos en una época en que hormigueaban los barcos enemigos en nuestras costas, era correr un gran riesgo y, a la vez, contrario a las instrucciones que se me habían dado [……] me decidí a seguir la ruta que estimé la mejor para causar daño al enemigo y prolongar mi crucero, siendo el puerto de Concepción, en las costas de Chile, el primer objetivo que se me ofreció. La estación estaba muy avanzada para doblar el Cabo de Hornos; nuestra provisión de víveres era muy escasa, y la fragata no estaba suficientemente abastecida para un crucero tan largo; pero no veía otra alternativa que la captura, el bloqueo o el hambre

Capitán David Porter

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  1. marc dice:

    Como menorquín, me ha emocionado encontrar este relato de uno de nuestros personajes ilustres. Creo que el Almirante Farragut es injustamente desconocido para muchísima gente, incluso en Menorca, y me alegra que usted lo haya “rescatado” en un blog tan bonito como este. Gracias, un saludo.

    • J. Suescun dice:

      Gracias a usted por comentar Marc. Yo también pienso que Farragut es sorprendentemente desconocido, pero lamentablemente no es el único caso. Hay multitud de ejemplos de ello. Espero disponer de tiempo suficiente para traer a este espacio otros personajes también olvidados.
      Saludos.

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