Un menorquín en América

Hace alrededor de treinta años recibí un pequeño regalo que todavía recuerdo con agrado. Se trataba de una baraja francesa para coleccionistas enfundada en un elegante estuche aterciopelado. Aquellos naipes estaban adornados con magníficas ilustraciones de personajes relevantes de la Guerra de Secesión norteamericana y de entre todos ellos hubo uno que llamó especialmente mi atención, la dama de picas, donde al pie de la ilustración podía leerse “”Admiral David G Farragut””. He de reconocer que desconocía por completo quién era el tal Farragut, pero supongo que aquel apellido me resultó extraño al lado de los Grant, Lee, Porter o Buchanan.

8. Almirante Farragut

Lo cierto es que la curiosidad por el personaje no duró mucho tiempo y quedó sepultada en mi todavía adolescente inconsciente. Por aquel entonces la información no era tan accesible como hoy en día y tampoco mis inquietudes eran las mismas. El recuerdo del Almirante Farragut se fue diluyendo hasta quedar totalmente escondido en algún rincón de mi memoria. Muchos años más tarde, los inextricables vericuetos del amor me condujeron hasta la bella isla de Menorca y allí –-o aquí- me reencontré con el personaje. Un busto en bronce del ilustre marino preside uno de los rincones más hermosos de Ciudadela, la ciudad donde nació su padre, Jorge Ferragut Mesquida.

Los orígenes: Jorge Ferragut Mesquida

La presencia de menorquines en la América de finales del siglo XVIII no es algo extraño. Todavía hoy se pueden encontrar un buen puñado de descendientes de Menorca en San Agustín, la ciudad más antigua de los actuales Estados Unidos. Fue en 1768, en plena expansión colonizadora, cuando el escocés Andrew Turnbull lideró una gran expedición con la que pretendía fundar un nuevo asentamiento en la Florida bajo el nombre de Nueva Esmirna.
Los colonos de Turnbull fueron reclutados en el Mediterráneo; italianos, griegos y mayoritariamente menorquines, aceptaron el reto de cruzar el atlántico soñando un futuro mejor. No presagiaban entonces la explotación a la que serían sometidos. Aquel grupo de valientes vivieron los años siguientes en un régimen de semiesclavitud que se llevó por delante a un buen número de ellos. No obstante, no está claro que Jorge Ferragut formase parte de este gran contingente. Parece poco probable que el menorquín se enrolase en tamaña aventura con tan sólo trece años de edad. Algunas fuentes indican que fue en el año 1772 cuando el joven Jorge abandonó definitivamente Menorca. Se basan en una pequeña nota manuscrita encontrada entre las páginas de una Biblia donde el de Ciudadela explica a su hijo David sus orígenes.
Al margen de la poca certeza que tenemos en cuanto a la fecha exacta de su partida, lo que parece no albergar dudas es que el aventurero menorquín arribó a territorio norteamericano en aquel periodo de agitación política donde el malestar de las colonias británicas iba en aumento. En aquellos días se estaba fraguando la sublevación de las colonias y el comienzo de la guerra por la independencia.
Jorge Ferragut, establecido entonces en Nueva Orleans (La Luisiana), se sintió atraído por la causa independentista de las trece colonias británicas y comenzó a colaborar con sus vecinos transportando material bélico en un viejo carguero que patroneaba en aguas del Golfo de México. Desde luego, se encontraba en el escenario adecuado para ello: el gobernador de La Luisiana, Bernardo de Gálvez, participaba activamente a favor de las colonias sublevadas, al principio de manera clandestina, para posteriormente hacerlo abiertamente cuando en 1779 España declara la Guerra a Gran Bretaña.
Pero Ferragut no se conformó con un papel secundario, su espíritu comprometido le llevó a implicarse de tal modo en la contienda que en poco tiempo pasó de ser un mero colaborador a ser nombrado Primer Teniente de la Marina de Carolina del Sur. El ciudadelano hizo suya la lucha por la independencia y combatió sin reservas en contra del poder colonial. Su desempeño como militar debió ser notable puesto que al finalizar la guerra ostentaba el grado de Mayor de Caballería.

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  1. marc dice:

    Como menorquín, me ha emocionado encontrar este relato de uno de nuestros personajes ilustres. Creo que el Almirante Farragut es injustamente desconocido para muchísima gente, incluso en Menorca, y me alegra que usted lo haya “rescatado” en un blog tan bonito como este. Gracias, un saludo.

    • J. Suescun dice:

      Gracias a usted por comentar Marc. Yo también pienso que Farragut es sorprendentemente desconocido, pero lamentablemente no es el único caso. Hay multitud de ejemplos de ello. Espero disponer de tiempo suficiente para traer a este espacio otros personajes también olvidados.
      Saludos.

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