Thesiger de Arabia

Fue tal su pasión por la exploración que incluso en los periodos de permiso empleaba su tiempo en descubrir nuevos lugares, nuevas gentes,… Su sed de conocimiento parecía no saciarse nunca. En uno de aquellos permisos viajó al Sahara para conocer las montañas del Tibesti. Allí se fraguó definitivamente su amor por el desierto.

“Porque éste era el desierto de verdad, donde las diferencias de raza y color, de riqueza y posición social carecen prácticamente de sentido […] Aquí, estar solo era sentir de inmediato el peso del miedo, porque la desnudez de esta tierra era más aterradora que la más oscura de las selvas en mitad de la noche […] En el desierto había encontrado una libertad inalcanzable en la civilización; una vida desembarazada de posesiones, ya que todo lo que no era una necesidad era un estorbo”

Con el estallido de la segunda guerra mundial, Thesiger solicita su ingreso en la Fuerza de Defensa de Sudán. Se estaba preparando una ofensiva contra las tropas italianas en Abisinia y Wilfred no podía faltar a la cita. Mussolini había invadido el país en 1936 y el emperador etíope tuvo que exiliarse. Era la hora en la que el inglés debía mostrar la lealtad y admiración que profesaba a Haile Selassie. Thesiger, conocedor del terreno, operaba de avanzadilla abriendo el camino al grueso de la tropa, gracias a la guerra de comandos que lideró al frente de algunas tribus locales. Como en todo lo que hizo en su vida, en esta ocasión se entregó al máximo en su nuevo papel de soldado: nunca eludió un combate ni una situación de peligro e incluso llegó a ser condecorado por su ardor guerrero. En 1941 Selassie recupera el trono y Thesiger continúa sus hazañas bélicas por el Medio Oriente. En las postrimerías de la guerra Wilfred regresa a Addis Abeba en calidad de consejero político, pero como cabía suponer, este nuevo rol no satisface las inquietudes del explorador. Cansado y con un cierto sentimiento de desencanto por los cambios que observa en la tierra que le vio nacer, presenta su dimisión.

Bendita Langosta

Thesiger detesta lo previsible, odia el “progreso” y le aburre soberanamente la vida acomodaticia de las ciudades. Tras su breve experiencia política como asesor necesita un nuevo reto acorde a su espíritu salvaje, y éste le llega de forma inesperada. Las plagas de langosta asolaban frecuentemente los campos de cultivo a lo largo y ancho del Oriente Medio y los entomólogos necesitaban recabar información para controlar su propagación. La Unidad Antilangosta de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y Alimentación propuso a Thesiger que trabajara para ellos. Sin duda, Wilfred era el hombre apropiado para explorar las vastas extensiones desérticas del sur de Arabia donde se creía se hallaban los principales focos de reproducción del devastador insecto.

6.  Thesiger de Arabia

Lo cierto es que al británico le traía sin cuidado el ciclo reproductivo de la langosta pero la propuesta le caía como llovida del cielo. De esta manera podía retomar su vida dedicada a la exploración y adentrarse en el enorme y fascinante desierto que los árabes llaman Ar-Rub’ Al-Khali y que los europeos tradujeron como “Territorio Vacío”. Su nuevo trabajo constituía la excusa perfecta para viajar por un terreno cuasi inexplorado. El objetivo de la Unidad Antilangosta era reunir la máxima información posible acerca de los lugares de cría del dañino insecto pero Thesiger tenía metas mucho más ambiciosas. Su deseo inconfesable era atravesar el Territorio Vacío, desafiar las condiciones extremas de la vida en el desierto y llegar donde nadie antes había llegado. Wilfred conocía las andanzas de sus compatriotas Bertram Thomas y St. John Philby que a comienzos de los años treinta fueron los primeros europeos en atreverse a transitar por este inhóspito desierto; el emular sus hazañas suponía un enorme estímulo.

El Desierto

En Octubre de 1945 Wilfred llega a Salalah, capital de Zufar, una pequeña ciudad situada en la costa sur de la península arábiga, desde donde el explorador planea iniciar su primera aproximación al desierto. A pesar de que los funcionarios de la Unidad Antilangosta disfrutaban de una gran libertad para transitar por toda Arabia, las autoridades locales hacían lo posible por controlar sus movimientos de manera que nada más llegar a Salalah Thesiger tuvo que entrevistarse con el gobernador. Éste le recibió en audiencia y le comunicó que en pos de su seguridad había dispuesto una gran comitiva que le acompañaría en su viaje.

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