Thesiger de Arabia

Como cabía esperar, el muchacho “africano” tuvo problemas de adaptación. Nunca se sintió cómodo en el ámbito escolar. Sus compañeros se burlaban de las increíbles historias que contaba el exótico Wilfred y enseguida fue tachado de embustero. Siempre envuelto en sus recuerdos de Addis Abeba, no comprendía el estilo de vida inglés ni encontraba aliciente alguno en la convivencia con los estudiantes. Su fuerte personalidad le hizo rebelarse contra la absurda y cruel disciplina de sus docentes, lo cual provocó más de un problema. Fueron años duros pero que al mismo tiempo sirvieron para forjar el carácter del que años más tarde iba a ser un incansable aventurero.

Siendo todavía estudiante en Oxford, a la edad de veinte años le llegó la oportunidad de regresar a Abisinia. El viejo amigo de su padre, el Ras Tafari, se preparaba para ser coronado emperador y Wilfred no iba a renunciar por nada del mundo a la invitación. Thesiger mantuvo durante toda su vida un gran afecto y lealtad hacia Tafari que fue coronado en una fastuosa ceremonia con el nombre de Haile Selassie.

El retorno de Wilfred a África supuso el renacimiento de su espíritu nómada y aventurero, algo adormecido por el tedio de la vida londinense. Tras los festejos de la coronación, quiso aprovechar el tiempo que le quedaba antes de volver a Oxford para saborear de nuevo ese cúmulo de sensaciones que vivió en su infancia y que tanto echaba de menos. Viajó por terrenos inexplorados y parajes absolutamente desolados hasta alcanzar los límites del territorio danakil donde los belicosos guerreros afars se enorgullecían del número de testículos que habían amputado a sus enemigos. A pesar del peligro, o tal vez a causa de él, Thesiger paladeó las intensas emociones que le proporcionaba este tipo de vida.

En aquel viaje Wilfred Thesiger supo cuál sería su camino, supo que no iba a pasar su vida entre cuatro paredes y que la libertad como modo de vida iba a ser en adelante, algo innegociable. Regresó a Inglaterra con el único objetivo de acabar sus estudios. A partir de ese momento se dedicó a vivir la vida que quiso vivir, lejos de la “civilización”, lejos de los coches y lejos de los aborrecibles avances de la sociedad europea.

La verdadera formación no estaba en Oxford

Tres años más tarde de aquel ensayo, liberado ya de sus obligaciones estudiantiles, Wilfred volvió al mismo escenario para, esta vez sí, adentrarse definitivamente en territorio danakil y seguir el curso del Awash. El inglés superó con tesón y algo de fortuna todas las trampas de tan peligroso camino y no cejó hasta ver como el misterioso río vertía sus aguas en el maloliente lago Abbé. En poco más de seis meses, un joven y todavía inexperto Thesiger no sólo había resuelto uno de los últimos enigmas geográficos del continente africano sino que había sido capaz de salir con vida para contarlo. Era su primer gran hito como explorador.

6.  Desierto de Oman

Poco tiempo después, a comienzos de 1935, el explorador se traslada al Sudán Anglo-Egipcio. Thesiger se las había arreglado para obtener un cargo “a su medida” en el Cuerpo de Administración Política de Sudán. Es destinado a Kutum, un enclave lo suficientemente alejado de la capital Jartum, como para poder saborear la autenticidad de la vida salvaje. Al servicio del comisario de distrito Guy Moore, Thesiger aprende los secretos de la vida en el desierto. Todavía no es consciente de ello pero el británico se está preparando para la gran aventura que años más tarde le llevará al sur de Arabia.

“Pasaba la mayor parte del tiempo haciendo expediciones en camello […] Guy Moore me enseñó a viajar ligero y tomar la comida del lugar. Yo solía desplazarme acompañado por tres o cuatro hombres de la tribu local […] Dormía a su lado, al raso y sobre el suelo, y aprendí a tratarles como compañeros y no como criados”

El infatigable Wilfred aprovechaba cualquier oportunidad para realizar nuevas expediciones y dar rienda suelta a otra de sus pasiones, la caza. Durante aquellos años en Sudán, Chad o Libia, se hartó de cazar búfalos, antílopes, rinocerontes y leones, especialmente leones. Con la excusa de proteger a los nativos y sus ganados, se dedicó con fruición a esta tarea.
 

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