Thesiger de Arabia

Los días se sucedían y cada vez resultaba más duro soportar aquel monótono transitar bajo el sol implacable que castigaba sin piedad la resistencia de los viajeros. Thesiger aprendió a protegerse al estilo bedu, tapándose la cara casi al completo, dejando al descubierto una estrecha franja por la que poder asomar los ojos. El itinerario venía marcado por la localización de los pozos, puntos de paso obligado, y Wilfred entendió enseguida por qué Staiyun les había conducido hasta aquel nuevo guía.

“Me maravillaba la forma en la que Rai mantenía el rumbo, en especial cuando el sol se hallaba sobre nuestras cabezas. Yo sabía que los camellos nunca caminan en línea recta; mi propia camella tendía siempre hacia la derecha y tenía que darle golpecitos con la vara en el lomo […] Rai y los demás hablaban sin cesar y parecían no darse cuenta de hacia dónde iban, pero cuando a intervalos comprobaba yo nuestro rumbo con la brújula, ésta apenas variaba más que unos cuantos grados”

Arena, piedras y sol abrasador. Los bedu cabalgaban a lomos de los camellos en jornadas maratonianas. El cansancio físico y mental iba desgastando a nuestros hombres que se sostenían milagrosamente en sus monturas sin saber si estaban dormidos o despiertos. Un buen día Mabkhaut tuvo un sobresalto, atisbó en el horizonte la silueta de unos camellos que sin duda ya había visto antes. No existen dos camellos iguales y un bedu es capaz de distinguir entre decenas de ellos, tanto por su fisonomía como por sus huellas. Mabkhaut estaba seguro que aquella silueta pertenecía a la camella de Bin Anauf, uno de aquellos bait kathir que habían acompañado a Thesiger en sus primeras incursiones en el desierto. Nerviosos, apresuraron el paso hasta que tras una loma apareció la figura del viejo Tamtaim. Al reencontrarse con Thesiger le abrazó emocionado; el anciano se sentía avergonzado desde que supo que los suyos habían desertado, dejando al inglés en una situación precaria.

6.  Mapa Territorio Vacio
El encuentro se produjo en las proximidades de Bai y todavía quedaba un largo camino hasta Salalah pero el escenario se había transformado por completo. La compañía de los bait kathir significaba que ya habían dejado atrás el territorio más hostil y el desánimo de los días pasados se tornó en alborozo. Cada noche, a la hora de la cena, Bin Kabina y sus compañeros de aventuras se explayaban orgullosos en el relato de sus andanzas. Tamtaim y los bait kathir escuchaban con gusto aquellas historias y no dejaban de charlar y reír hasta bien entrada la noche.

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