Odisea en la Antártida

Huída hacia adelante

Shackleton pronto fue consciente de que había que salir de aquella ratonera. Isla Elefante se encontraba fuera de las rutas habituales de los balleneros de manera que nadie iría a dar con ellos en aquel lugar tan remoto. No había tiempo que perder y el 20 de Abril comunicó su decisión: cinco hombres le acompañarían a bordo del James Caird (uno de los botes fue bautizado con este nombre en honor a uno de los principales patrocinadores de la expedición). El objetivo era arribar a la isla San Pedro y pedir ayuda en los asentamientos balleneros desde donde zarparon dieciséis meses atrás. Los marineros, atónitos, tragaron saliva; no se podían creer lo que estaban oyendo, sin duda el Jefe se había vuelto loco. Aquella isla se hallaba a más de setecientas millas de distancia; si la singladura hasta Isla Elefante había sido una odisea, pensar en alcanzar las Georgias del Sur, era una utopía. A pesar de ello, nadie se quejó ¿qué otra cosa podían hacer? Shackleton sabía que cualquier plan, por descabellado que fuera, era mejor que quedarse de brazos cruzados y esperar. Esto último hubiera supuesto el fin de la moral y la desintegración del grupo.

El Jefe volvió a dar buena muestra de su inteligencia y liderazgo a la hora de escoger a sus cinco compañeros. McNish y Vincent eran las personalidades potencialmente más conflictivas y Shackleton prefirió tenerlos cerca, bajo su control, antes de que pudieran perjudicar la cohesión del grupo que quedaba en tierra. McCarthy había demostrado en la travesía hasta Isla Elefante sus dotes como marinero y su fortaleza mental en aquel tipo de situaciones extremas. Tom Crean era una de esas personas que cualquiera desearía tener a su lado en un momento difícil, era un hombre leal, fuerte y duro. Y por último Frank Worsley, su presencia como navegante se hacía imprescindible si querían tener alguna posibilidad de éxito. Frank Wild, en contra de su voluntad, se quedó en tierra al mando del resto de la expedición. Shackleton confiaba ciegamente en Wild y le dio la más difícil responsabilidad: liderar el grupo de tierra y preservar su unidad.

Durante aquellos días se dedicaron a acondicionar el James Caird para afrontar en las mejores condiciones posibles la nueva singladura. Shackleton temía quedarse nuevamente bloqueado por el hielo de manera que no quiso demorar la marcha. El 24 de Abril de 1916 los seis hombres se hacen a la mar, comienza la huida hacia adelante.

A bordo del James Caird

El capitán Worsley se enfrentaba al mayor desafío de su carrera: con un bote de siete metros de eslora y la única ayuda de un sextante, debía surcar setecientas millas de agitado mar y atinar con una pequeña isla en mitad del Atlántico Sur. El más mínimo desvío en el rumbo conduciría a aquellos marinos a la mitad del océano y al fin de sus días.
 

2.  James Caird

 
El trayecto sería largo y desde el principio se establecieron turnos de descanso. Mientras tres hombres se encargaban de la navegación, los otros tres intentaban descansar en sus sacos de dormir. Pero el mar en aquellas latitudes no ofrece descanso alguno y dormir era poco menos que imposible. Siempre mojados, a todas horas zarandeados, la singladura se convirtió en una constante lucha contra los elementos. Las mediciones de Worsley constituían ya por sí solas una pequeña odisea; el neozelandés se arrodillaba en una de las bancadas del bote y sacaba su sextante mientras dos compañeros le agarraban uno a cada lado para mantenerlo erguido; cuando conseguía vislumbrar el sol entre ola y ola daba un grito de aviso y otro de los hombres ponía en marcha el cronómetro. El tercer día de navegación los cálculos de Frank Worsley les situaban a poco más de cien millas del punto de partida. Cada día la situación era más difícil, era necesario achicar agua constantemente y el hielo cubría casi completamente el pequeño bote tornándolo más pesado y menos navegable. Hubieron de utilizar hachas y cuchillos para romper la capa de hielo que envolvía el James Caird y aligerar su peso.
 
 

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  1. xec pons dice:

    Ei, jesús. muy currado el blog. un trabajo de mucho curro. es lo que hay que hacer. escribir, escribir y escribir (tomo nota que estoy muy vaguete). esta historia en particular ya la conocía. pillé un documental que explicaba la epopeya (creo que era algo así como ficcionar la historia, en el canall 33). espero leer más.

  2. J. Suescun dice:

    Hola Xec. Pues la verdad es que sí, he currado bastante en este blog, le he dedicado muchas horas y le he puesto mucho cariño, así que te agradezco mucho el comentario porque siempre gusta que valoren tu trabajo.
    Respecto a la historia de Shackleton, desconozco si en el documental que mencionas han introducido algo de ficción pero no es el caso de este blog. Intento ajustarme a los hechos en función de la documentación que encuentro. Además, este episodio fue tan fascinante que no necesita ningún adorno.

    Un saludo Xec

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