Odisea en la Antártida

El deseado resquebrajamiento del hielo no llegaba y la espera se hacía exasperante. Por si fuera poco, las reservas de alimentos habían disminuido de manera muy preocupante. El buen humor de antaño había desaparecido y eran más frecuentes las fricciones entre los hombres. La única buena noticia era que la corriente del mar de Weddell había recuperado su sentido horario habitual y poco a poco les acercaba a la península antártica. A finales de marzo no les quedaban apenas víveres y tuvieron que sacrificar a sus últimos perros para alimentarse; la situación era crítica. Es inimaginable pensar cómo aquellos hombres pudieron mantener la cordura en aquellas condiciones.

Isla Elefante

Durante las últimas semanas se había producido la rotura de varios témpanos de hielo, parecía que la oportunidad de embarcar en los pequeños botes se acercaba. En efecto, el 9 de Abril se hacen a la mar y navegan entre las placas de hielo. Fue una travesía peligrosa en la que en varias ocasiones estuvieron cerca de ser aplastados por los enormes bloques de hielo que los rodeaban. De noche desembarcaban en algún témpano con el propósito de dormir pero era difícil descansar en aquellas balsas de hielo, exhaustos y continuamente empapados. La esperanza de Shackleton consistía en alcanzar Isla Elefante, la porción de tierra más boreal de todo el territorio antártico. Afortunadamente contaba con Frank Worsley. El capitán neozelandés debía conducir los tres pequeños botes hasta una pequeña isla de apenas diez kilómetros de largo.

2.  Frank Worsley

 
 

Tras varios días abriéndose paso entre el hielo finalmente consiguieron llegar a mar abierto, pero esto no supuso ningún alivio. El agitado mar zarandeaba los pequeños botes que eran sobrepasados continuamente por las olas. Los marineros se encontraban al límite de lo que un hombre puede soportar: temperaturas bajo cero, empapados por las olas, sin agua potable, sin dormir,…, un verdadero infierno. Tras varios días de lucha incesante lograron avistar Isla Elefante.

2.  Isla Elefante

Durante la penosa travesía Worsley solamente pudo realizar tres o cuatro mediciones pero fueron suficientes. La pericia del capitán neozelandés y una pizca de fortuna devolvió a los marinos una mínima esperanza de salir con vida de aquel agujero. El desembarco fue difícil y peligroso pero, casi quinientos días después, los expedicionarios pisaban tierra firme de nuevo. No hubo fuerzas para celebrarlo; muchos hombres llegaron con síntomas de congelación, otros al borde de la locura. La carne de foca y unas pocas horas de sueño ayudaron a restablecer ligeramente el ánimo pero pronto se dieron cuenta que Isla Elefante no era un sitio acogedor precisamente.

“Nunca había visto una costa tan salvaje y poco hospitalaria. Sin embargo, hay una profunda grandeza en estos acantilados con las ventiscas y las nubes que los ocultan…”

Diario de Hurley

 
 

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  1. xec pons dice:

    Ei, jesús. muy currado el blog. un trabajo de mucho curro. es lo que hay que hacer. escribir, escribir y escribir (tomo nota que estoy muy vaguete). esta historia en particular ya la conocía. pillé un documental que explicaba la epopeya (creo que era algo así como ficcionar la historia, en el canall 33). espero leer más.

  2. J. Suescun dice:

    Hola Xec. Pues la verdad es que sí, he currado bastante en este blog, le he dedicado muchas horas y le he puesto mucho cariño, así que te agradezco mucho el comentario porque siempre gusta que valoren tu trabajo.
    Respecto a la historia de Shackleton, desconozco si en el documental que mencionas han introducido algo de ficción pero no es el caso de este blog. Intento ajustarme a los hechos en función de la documentación que encuentro. Además, este episodio fue tan fascinante que no necesita ningún adorno.

    Un saludo Xec

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