Odisea en la Antártida

Mientras tanto, en Isla Elefante, Wild y los suyos divisaron un barco en lontananza. Rápidamente izaron una bandera y encendieron fuego. Todavía no sabían que sus tres compañeros iban a bordo pero se apresuraron en hacer señales. Pronto observaron como aquella barcaza se dirigía directamente hacia ellos y empezaron a gritar de alegría. Habían pasado cuatro meses desde que zarpó el James Caird y aunque nadie se atrevía a confesarlo, en su fuero interno muchos dudaban de que nadie regresara para rescatarlos. La aparición del vetusto barco de vapor fue un sueño hecho realidad y cuando a lo lejos reconocieron la figura de Shackleton, el alborozo fue todavía mayor. El Jefe había cumplido su palabra, lo había conseguido.

“Casi me eché a llorar; no pude hablar durante varios minutos”

Wild

2.  Frank Wild

En poco más de una hora toda la tripulación había embarcado y abandonaban las aguas de Isla Elefante. Al desembarcar en Punta Arenas, Shackleton escribió a su mujer:

“Lo he conseguido… No se ha perdido ni una vida y hemos pasado por el infierno”

 

¿Y el equipo del mar de Ross?

La epopeya de los hombres del Endurance eclipsó, quizá injustamente, la labor del equipo del mar de Ross, que paradójicamente fue el único en cumplir sus objetivos.

Tal como se ha mencionado en párrafos anteriores, el plan de Ernest Shackleton contaba con un equipo de apoyo que se adentraría en el hielo antártico a través del mar de Ross realizando el trayecto inverso al de la expedición principal para establecer varios puntos de aprovisionamiento a lo largo de la barrera de hielo de Ross. Se pretendía asegurar de este modo el indispensable avituallamiento para Shackleton y dos o tres hombres más que le acompañarían en el intento de atravesar el continente blanco.

El equipo fue liderado por Aeneas Mackintosh que zarpó del puerto australiano de Sidney a bordo del buque “Aurora” en Diciembre de 1914. La cantidad de vicisitudes sufridas por estos hombres durante casi dos años daría como para escribir otro nuevo capítulo de manera que a modo de resumen, daremos unas breves pinceladas de lo que ocurrió con el Aurora y su tripulación.

Tras arribar a la isla de Ross los expedicionarios del Aurora ubicaron el campamento base en el cabo Evans y no sin dificultades consiguieron establecer varios puntos de aprovisionamiento pero tal como les ocurrió a sus colegas del Endurance, quedaron atrapados en el hielo; el buque había sido aprisionado por un enorme témpano y la deriva le arrastraba hacia el norte, alejándolo cada vez más de los hombres que habían desembarcado. Éstos pronto tomaron conciencia de que permanecerían solos por largo tiempo y se prepararon para la supervivencia.

A pesar de la crítica situación que atravesaban, Aeneas Mackintosh reanudó la labor de abastecimiento según lo planeado pero las condiciones climatológicas eran tan espantosas que, a diferencia de lo que sucedió con la expedición Endurance, esta misión se cobró la vida de tres hombres: en marzo de 1916 el escorbuto y el agotamiento se llevaron al reverendo Spencer-Smith; dos meses después, Hayward y el propio capitán Mackintosh desaparecieron mientras intentaban alcanzar el refugio del cabo Evans.

La asombrosa aparición de Shackleton en Mayo de 1916 impulsó a los gobiernos de Gran Bretaña, Australia y Nueva Zelanda, a emprender la búsqueda de los hombres que habían desembarcado en la isla de Ross. A fin de cuentas, si los tripulantes del Endurance habían sobrevivido, todavía cabía la esperanza de encontrar con vida a los hombres de Mackintosh. Para el rescate se contó con el mismo buque que les había llevado hasta el mar de Ross, el Aurora, que tras liberarse del hielo fue capaz de arribar a las costas neozelandesas en Abril de 1916.

A pesar de no ser el encargado de liderar la misión de rescate, Ernest Shackleton quiso formar parte de la misma. Moralmente sentía la obligación de luchar por la supervivencia de todos sus hombres. La odisea de Shackleton concluyó en Enero de 1917 cuando finalmente se pudo rescatar a los siete supervivientes atrapados en la isla de Ross.

El Regreso

Tras el rescate del Yelcho los hombres del Endurance permanecieron algunas semanas, meses en algunos casos, en el cono sur americano. Las charlas, conferencias y recepciones, fueron devolviéndoles poco a poco a la civilización. A su llegada a Inglaterra muchos de ellos se apresuraron en alistarse para participar en la gran guerra. Sin duda, los ideales heroicos y patrióticos de principios del XIX difieren de los de hoy en día.

Por su parte, Shackleton intentó adaptarse a su nueva vida pero lamentablemente no le resultó nada fácil. Las deudas le agobiaban y se dedicó sin demasiada ilusión a dar conferencias sobre la hazaña del Endurance. Parecía que nada podía llenar el espíritu de este aventurero.

“A veces pienso que no sirvo para nada que no sea estar en regiones salvajes e inexploradas…”

 

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  1. xec pons dice:

    Ei, jesús. muy currado el blog. un trabajo de mucho curro. es lo que hay que hacer. escribir, escribir y escribir (tomo nota que estoy muy vaguete). esta historia en particular ya la conocía. pillé un documental que explicaba la epopeya (creo que era algo así como ficcionar la historia, en el canall 33). espero leer más.

  2. J. Suescun dice:

    Hola Xec. Pues la verdad es que sí, he currado bastante en este blog, le he dedicado muchas horas y le he puesto mucho cariño, así que te agradezco mucho el comentario porque siempre gusta que valoren tu trabajo.
    Respecto a la historia de Shackleton, desconozco si en el documental que mencionas han introducido algo de ficción pero no es el caso de este blog. Intento ajustarme a los hechos en función de la documentación que encuentro. Además, este episodio fue tan fascinante que no necesita ningún adorno.

    Un saludo Xec

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