Michel Peissel en el reino de Lo

El Molla era el culmen de un viaje fascinante; Peissel había encontrado la última pieza del puzle, la pieza que le permitía por fin, hilvanar todo el conocimiento que había recopilado sobre aquella tierra. Podía contar al mundo quién fue Ame Pal y como éste, con ayuda de sus tres hijos, conquistó todas las fortalezas del Mustang dando lugar a un nuevo reino. Podía relatar como Ngorchen Kunga, el lama más importante de aquel entonces, consintió en viajar a Lo para impulsar la fe budista y cómo, bajo su liderazgo, Mustang se convirtió en un gran enclave religioso, aglutinando miles de monjes en los monasterios que el gran lama hizo construir.
9. Peissel en Trenkar
El galo disfrutó esa intensa emoción que sienten los exploradores cuando se saben “los primeros”. Algo así como lo que debió sentir Howard Carter delante de la tumba de Tutankamon. O quizá una sensación semejante a la que vivió el Dr. Livingstone cuando contempló por vez primera las cataratas Victoria. Michel Peissel no solo había sido el primer europeo en convivir con los lobas, también fue el primero en rescatar su Historia, en desvelar sus secretos. No obstante, al margen del meritorio logro como explorador, la verdadera satisfacción del francés provenía de su enorme enriquecimiento personal. Peissel comprendió que ya no era el mismo hombre que aterrizó en Pokhara varias semanas atrás. Su estancia en el Mustang había cambiado su visión del mundo y de sí mismo. La vida con los lobas, su hospitalidad, su alegría, su amistad, …, habían transformado al inquieto chico de ciudad.

Todo lo que había visto en el Mustang resultaba tan perfectamente armonioso entre sí, que nunca pude percibir una nota discordante que me volviera a mi “yo” anterior, nada que rompiera el concierto de aquella tierra donde las gentes estaban tan en consonancia con el ambiente y vivían una vida de acuerdo con sus necesidades y creencias; toda la estructura del país formaba una entidad tan sólida, que se me hacía difícil creer que hubiese otra forma de existencia posible.

Llegó el día de la despedida. El galo cruzó las murallas de Lo-Mantang por última vez. Desde lo alto de una colina cercana volvió la mirada atrás, las lágrimas brotaron. Michel Peissel había encontrado en Lo mucho más de lo que había ido a buscar. A cambio, dejó un trocito de su corazón en aquella tierra áspera pero llena de grandeza, aquel reino de otro tiempo escondido entre las grandes montañas del Himalaya.

Me sentí entonces – y sigo sintiéndome – muy afortunado por haber conseguido explorar uno de los últimos rincones desconocidos de nuestro planeta, una tierra limpia de tecnologías, donde todavía no se sabe que el mundo es redondo y en la que el alma del hombre se tiene por tan real como los pies con que caminamos; un lugar donde abundan la belleza y la felicidad, a pesar de las privaciones y penalidades impuestas por la Naturaleza.

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“Mustang. Reino prohibido en el Himalaya”
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“Tibet. La peregrinación imposible”
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“El oro de las hormigas”
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“Himalaya Continente secreto”
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  1. Pablo dice:

    ¡Muy bonita historia¡ Dan ganas de coger la mochila e irse para el Mustang. Tiene que ser un viaje alucinante. ¡¡¡¡¡Ahhhhhh, me han entrado unas ganas enormes de viajar, viajar y viajar!!!!!
    Por cierto, el señor Peissel ¿vive todavía? ¿conoces algún libro o alguna web sobre él?

    • J. Suescun dice:

      Me alegro que te hayan entrado las ganas de viajar. Peissel tenía ese poder, despertaba el espíritu viajero de todo aquel – o casi – que leía sus libros. Fue capaz de transmitir su pasión por el Himalaya y de influir en miles de viajeros. Respecto a lo que preguntas, te diré que este gran aventurero murió hace no mucho, en 2011 y quizá te interese saber que vivió muchísimos años en Cadaqués. Al final de este capítulo he indicado alguno de sus libros, todos ellos muy interesantes.

      Un saludo Pablo

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