Michel Peissel en el reino de Lo

Peissel se hizo acompañar de su compañero y amigo Tashi. El galo era perfectamente capaz de mantener una conversación con los aldeanos pero su tibetano era demasiado vulgar como para dirigirse al rey, Tashi haría las veces de intérprete. Ambos partieron de Lo-Mantang a lomos de sendos caballos. Cabalgando por los valles del Mustang el francés empezó a saborear la belleza de aquella tierra. Lo que en un principio le había parecido un paisaje desolado ahora lo percibía como grandioso y sobrecogedor. El paseo a caballo terminó a las puertas de palacio. Los dos forasteros intentaban disimular su nerviosismo cuando se les hizo entrar en una gran sala, austera y poco iluminada. Un sirviente les indicó que podían sentarse en el suelo. Enfrente, acomodados entre grandes cojines, Angun Tenzing Trandul y su corte, les observaban. Un silencio denso y aplastante estaba asfixiando a Peissel cuando por fin, el monarca abrió la boca para preguntar a los viajeros por el motivo de su visita. Tashi, asustado como un colegial, respondió con voz vacilante que habían venido a mostrar sus respetos al rey de Lo, e inmediatamente bajó la mirada. El incómodo silencio regresó hasta hacerse insoportable, tanto, que Michel Peissel no pudo permanecer callado por más tiempo:
– Perdóneme majestad, pero yo hablo el tibetano como un campesino
Silencio sepulcral, aquel comentario inaudito dejó petrificados a los presentes. Tashi permanecía inmóvil sin atreverse a levantar la mirada. Fueron unos segundos que parecieron horas hasta que por fin, Angun Tenzing Trandul rió, y la tensión se alivió. El hecho de que el extranjero hubiera hablado en tibetano, aunque fuera de manera coloquial, había sorprendido gratamente al rey de Lo. Tashi respiró finalmente al ver como su “jefe” había conseguido romper la tensión. La charla discurría por fin distendida y la corte parecía disfrutar de la presencia del forastero. Durante la larga conversación, éste transmitió su deseo de conocer el Mustang en profundidad, sus costumbres, sus gentes, …, su historia. Angun Tenzing Trandul se sintió halagado por el interés de tan exótico visitante y se comprometió a ayudarlo. Hizo llamar a un escriba y redactó un edicto que abría las puertas de Lo a la curiosidad del francés:

Que en todo Lo, por decreto del rey, al francés que es dos, le enseñe el lama todas las cosas de los monasterios puesto que las ignora, y se le permita ver los libros. Dice así el rey de Lo.

Michel Peissel con Angun Tenzing Trandul

En busca del Molla

De regreso a Lo-Mantang Michel Peissel no cabía en sí de gozo. Todo había salido a pedir de boca, los miedos se habían disipado y el galo tenía carta blanca para moverse a su antojo por todo el país. Ningún extranjero había disfrutado de semejante privilegio. Fueron días felices en Lo-Mantang, Michel iba y venía, entraba y salía, hablaba con unos y con otros. El francés se integró rápidamente entre los lobas – habitantes de Lo – y aprendió a quererlos, a ellos y a aquella tierra descarnada pero llena de grandeza.

Empezaba a ver que, en verdad, Mustang era una unidad cultural independiente, una pequeña nación intacta, una de las últimas tierras de nuestro planeta que llegaba a esta época manteniéndose prácticamente virgen de exploraciones y estudios […] Hallé, pues, que, en el país que había venido a estudiar, el espíritu que prevalecía era extraordinariamente dinámico y positivo. Lo mismo los pobres que los ricos poseían virtudes de tolerancia, inteligencia y responsabilidad.

Allí escuchó viejas historias que hablaban del origen de Lo. El propio monarca se declaraba descendiente directo del fundador del reino, un guerrero llamado Ame Pal, que allá por el siglo XIV había sojuzgado a todos los jefes locales diseminados por aquel territorio para lograr la unificación de un solo pueblo.

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  1. Pablo dice:

    ¡Muy bonita historia¡ Dan ganas de coger la mochila e irse para el Mustang. Tiene que ser un viaje alucinante. ¡¡¡¡¡Ahhhhhh, me han entrado unas ganas enormes de viajar, viajar y viajar!!!!!
    Por cierto, el señor Peissel ¿vive todavía? ¿conoces algún libro o alguna web sobre él?

    • J. Suescun dice:

      Me alegro que te hayan entrado las ganas de viajar. Peissel tenía ese poder, despertaba el espíritu viajero de todo aquel – o casi – que leía sus libros. Fue capaz de transmitir su pasión por el Himalaya y de influir en miles de viajeros. Respecto a lo que preguntas, te diré que este gran aventurero murió hace no mucho, en 2011 y quizá te interese saber que vivió muchísimos años en Cadaqués. Al final de este capítulo he indicado alguno de sus libros, todos ellos muy interesantes.

      Un saludo Pablo

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