Michel Peissel en el reino de Lo

Kale, phe

Corre el mes de Abril de 1964, ha llegado la hora de la verdad. Peissel abandona Katmandú en un desvencijado avión que le traslada hasta Pokhara. Allí observa por primera vez a los khampas, los soldados que, diseminados por las montañas, intentan mantener viva la resistencia tibetana en contra del invasor chino. Estos guerreros, toscos y con fama de violentos, campan a sus anchas por las proximidades del Tíbet, inspirando desconfianza y temor hasta en los propios tibetanos.
Por fin todo está listo para dar comienzo a la aventura. Junto al galo viajan dos nepalíes de la etnia tamang, Calay y Kansa, y un muchacho tibetano que Peissel había conocido en Katmandú y que atiende al nombre de Tashi. Las emociones del explorador están a flor de piel, las ilusiones y los miedos se mezclan a partes iguales. Los cuatro viajeros, acompañados de un pequeño grupo de porteadores, inician el camino hacia Tukutcha, el primer gran objetivo. El inexperto Peissel pronto se da cuenta que en aquellas tierras abruptas, media un abismo entre los planes que se pueden trazar sentado cómodamente en un despacho y la cruda realidad:

Los zapatos nuevos son siempre viles instrumentos de tortura. Los que había elegido parecían ensañarse conmigo. Las suelas estaban llenas de rencor, de pellizcos y de odio hacia la parte inferior de mi maltratada anatomía. A cada parada comprobaba con sorpresa y compasión que llevaba los pies llenos de ampollas molestísimas, que me quitaban todo el entusiasmo hacia mi empresa. Cuando las rodillas empezaban a preguntarme cuánto tardaríamos en encontrar un taxi, tuve que sentarme al borde del camino, un tanto anonadado por la idea de que aquel infierno continuaría durante dos semanas…

La marcha es lenta y dificultosa. Michel intenta no pensar en sus maltrechos pies mientras avanza con esfuerzo subiendo montañas, atravesando gargantas, superando peligrosos desfiladeros. Poco a poco el galo se va olvidando de las molestas ampollas y comienza a saborear lo que la naturaleza muestra ante sus ojos. Una mañana, tras varias jornadas de dura travesía, los viajeros comienzan a escuchar el eco de un sonido inconfundible: el rugir de un gran cauce de agua. En efecto, al poco se topan con las aguas del Kali Gandaki, el río sagrado que atraviesa la cordillera del Himalaya a lo largo de un imponente cañón de dimensiones colosales. En adelante, el Kali Gandaki marcará la ruta a seguir y conducirá al grupo hasta Lo-Mantang, la misteriosa capital del reino de Lo.

Mapa del Mustang
Poco a poco la fisonomía del paisaje cambia, abandonando los rasgos característicos del Nepal para dar paso a los típicamente tibetanos. Los yacs, las coloridas banderas de oración, o los chortens, esos monumentos con forma de cúpula propios del budismo, jalonan el camino. En las inmediaciones de Tukutcha la naturaleza se muestra sobrecogedora. La senda hacia el Mustang discurre entre dos majestuosas montañas, el Dhaulagiri y el Annapurna, que parecen presidir, como si de dos columnas se tratara, la entrada a un mundo de otro tiempo. El parisino presiente muy próximo aquel universo que ha soñado conocer y su entusiasmo crece hasta el punto que olvida todas las precariedades del camino. Peissel aprovecha cualquier ocasión para chapurrear el tibetano con los aldeanos que encuentra a su paso y observa como el terreno no es lo único que cambia, los lugareños también son diferentes: sus ropas, sus gestos, su manera de hablar, … No hay duda de que los expedicionarios se están adentrando en un mundo completamente nuevo.

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  1. Pablo dice:

    ¡Muy bonita historia¡ Dan ganas de coger la mochila e irse para el Mustang. Tiene que ser un viaje alucinante. ¡¡¡¡¡Ahhhhhh, me han entrado unas ganas enormes de viajar, viajar y viajar!!!!!
    Por cierto, el señor Peissel ¿vive todavía? ¿conoces algún libro o alguna web sobre él?

    • J. Suescun dice:

      Me alegro que te hayan entrado las ganas de viajar. Peissel tenía ese poder, despertaba el espíritu viajero de todo aquel – o casi – que leía sus libros. Fue capaz de transmitir su pasión por el Himalaya y de influir en miles de viajeros. Respecto a lo que preguntas, te diré que este gran aventurero murió hace no mucho, en 2011 y quizá te interese saber que vivió muchísimos años en Cadaqués. Al final de este capítulo he indicado alguno de sus libros, todos ellos muy interesantes.

      Un saludo Pablo

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