Michel Peissel en el reino de Lo

Tras siglos de aislamiento, el viejo reino de Lo ha entreabierto tímidamente sus puertas. Cada año se permite la entrada a un limitadísimo número de viajeros que, previo pago de un generoso canon, tienen el privilegio de sumergirse en el último refugio de la cultura tibetana en estado puro. Si bien es cierto que las tensiones políticas sufridas en aquel rincón de Asia Central ha provocado el cierre de fronteras durante décadas, no hay que olvidar asimismo que la abrupta geografía del lugar ha supuesto un confinamiento natural, preservando de este modo la ancestral cultura del Mustang – nombre con el que se conoce en occidente al pequeño reino de Lo –.
En 1964 el hermetismo de este pedazo de tierra yerma encajado entre el Tíbet y Nepal, era total. Se podían contar con los dedos de una mano los europeos que habían logrado internarse brevemente en el Mustang. El antropólogo Michel Peissel no se conformó con una visita somera, el francés pretendía penetrar en Lo para conocer en profundidad aquel reino perdido. Quería conocer sus costumbres, bucear en su historia, deseaba ser el primero en descubrir sus secretos. Su empeño fue tal, y sus contactos tan buenos, que finalmente consiguió el permiso del gobierno nepalí para transitar el Mustang el tiempo que fuese necesario. Por aquel entonces, Lo era un reino vasallo de Nepal aunque al margen del correspondiente tributo, operaba con total independencia de éste. Michel Peissel estaba a punto de comenzar un viaje fascinante en las entrañas mismas del Himalaya. Allí encontraría un territorio inexplorado cuyo modo de vida parecía más cercano a la Edad Media que al siglo XX. Para un hombre educado entre París, Londres y Nueva York, acostumbrado a los hoteles de lujo y al avión como medio habitual de transporte, aquella aventura iba a suponer algo semejante a un viaje en el tiempo. Un viaje que sin duda dejó una profunda huella en el parisino y selló para siempre su amor por el Tíbet.

¿Por qué el Tíbet?

Ya desde la infancia Michel Peissel soñaba con protagonizar grandes viajes. Los relatos de aventuras alimentaban la imaginación del futuro explorador, que sin embargo tuvo que esperar a cumplir veintiún años para emprender su primera gran expedición. Su curiosidad le condujo hasta la exuberante jungla del Yucatán donde encontró importantes vestigios de la asombrosa civilización maya. Tras este primer éxito en Centroamérica cabría preguntarse ¿por qué el francés dirige su mirada hacia el Himalaya?, ¿cuándo comienza su interés por el Tíbet?
Michel da respuesta a estas cuestiones con su habitual simpatía y buen humor: cuenta el galo que, cierto día, siendo todavía estudiante, no le apeteció tragarse una aburrida clase de derecho y decidió pasar la tarde paseando por las calles de París. Sin saber muy bien qué hacer entró en una vieja librería, sin ningún otro propósito más allá de pasar el rato. Se trataba de una librería de temática oriental y el dueño del establecimiento enseguida abordó a su nuevo cliente:
– ¿Qué desea?
La pregunta pilló desprevenido al joven estudiante y éste contestó lo primero que se le pasó por la cabeza:
– Estoy buscando una gramática tibetana.
La sorpresa fue mayúscula cuando el librero no tardó en encontrar un ejemplar titulado “La gramática del tibetano coloquial”. Peissel no podía articular palabra y, avergonzado, no se atrevió a decir la verdad. El parisino regresaba a casa con un libro de gramática tibetana bajo el brazo. Todavía no lo sabía pero este librito sería el primer eslabón en su camino hacia Asia.

Desde entonces he perdido todos los relojes que he llevado, montones de encendedores y cuantas plumas he usado. Suelo perderlo todo, y en mi pequeño mundo familiar me he hecho famoso por mi distracción. Pero jamás, jamás, he logrado perder la Gramática de tibetano coloquial. Puedo asegurar que me persiguió obstinadamente y siempre me la encontraba en los sitios más inesperados, hasta que un día decidí leerla.

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  1. Pablo dice:

    ¡Muy bonita historia¡ Dan ganas de coger la mochila e irse para el Mustang. Tiene que ser un viaje alucinante. ¡¡¡¡¡Ahhhhhh, me han entrado unas ganas enormes de viajar, viajar y viajar!!!!!
    Por cierto, el señor Peissel ¿vive todavía? ¿conoces algún libro o alguna web sobre él?

    • J. Suescun dice:

      Me alegro que te hayan entrado las ganas de viajar. Peissel tenía ese poder, despertaba el espíritu viajero de todo aquel – o casi – que leía sus libros. Fue capaz de transmitir su pasión por el Himalaya y de influir en miles de viajeros. Respecto a lo que preguntas, te diré que este gran aventurero murió hace no mucho, en 2011 y quizá te interese saber que vivió muchísimos años en Cadaqués. Al final de este capítulo he indicado alguno de sus libros, todos ellos muy interesantes.

      Un saludo Pablo

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