La rocambolesca historia de Juan Pujol

“Les contesté inmediatamente que estaba muy contento con la distinción, que la iba a ostentar con orgullo y que, a pesar de los momentos difíciles que estaba pasando el III Reich, no había que perder la esperanza en el triunfo de nuestros ideales […] Tommy (Harris) y todos los oficiales del MI5 se reían como locos cuando se enteraron de que los alemanes me habían condecorado.”

No obstante, el avance del ejército aliado era implacable y el progresivo repliegue de la Wehrmacht incidía en la moral de los funcionarios germanos. Conforme avanzaban los meses la derrota se intuía más cerca y las transmisiones perdían contenido; éstas se fueron transformando en meras proclamas a favor del Führer y mensajes de ánimo entre Pujol y sus controladores instalados en Madrid. Arabel siguió operando hasta el final de la guerra y observó como poco a poco el Abwehr se desintegraba. El 6 de Mayo de 1945 recibió el último mensaje desde Madrid.

7.  Avance aliado

Garbo se esfuma

Al finalizar la contienda Pujol tiene que decidir como reorientar su vida. La idea de regresar a España no le seduce lo más mínimo. Tampoco desea permanecer en Inglaterra donde su mujer Araceli nunca se sintió cómoda. Por otro lado, siente temor de que su historia salga a la luz y propicie represalias. Sabe que muchos oficiales nazis han logrado esconderse bajo falsas identidades y le preocupa que descubran la verdad sobre Arabel. Aunque no descarta seguir colaborando esporádicamente con la inteligencia británica, el español desea poner tierra de por medio y buscar el anonimato. Harris y otros funcionarios del MI5 le ayudan a salir del país discretamente. Tras viajar por los Estados Unidos y diversos países de latino América, Pujol acaba instalándose en lo que considera un destino tranquilo, el Caribe venezolano. Allí vivió más de cuarenta años y, a pesar de sus fracasos empresariales, llevó una vida apacible. Sufrió la separación de su mujer, Araceli González, pero al cabo de no mucho tiempo formó una nueva familia al lado de Carmen Cilia. Su carácter tranquilo y reservado le permitió guardar el secreto de su pasado y empezar de cero en tierras americanas.

De Venezuela a Buckingham

La historia del agente Garbo quedó sepultada bajo toneladas de expedientes guardados celosamente en los archivos del servicio secreto. Este hecho, unido al ostracismo voluntario de Pujol, hicieron que su rastro se perdiera entre miles de documentos clasificados. Por si fuera poco, su viejo amigo Tomás Harris se encargó de propagar el bulo de que Garbo había fallecido en Angola en 1949.
Nigel West, escritor especializado en temas de espionaje, nunca creyó la supuesta muerte de Garbo. Su indudable olfato como investigador le llevó a seguir las pistas correctas que le condujeron, tras doce años de búsqueda, hasta Venezuela; corría el año 1984. Pero Nigel West no se conformaba con entrevistar a Garbo, deseaba sacar a la luz su aventura y que la opinión pública otorgara al español el reconocimiento que no obtuvo al finalizar la guerra. El día en que Pujol descolgó el teléfono y escuchó lo que West tenía que contarle, rememoró en apenas unos instantes toda su experiencia como agente de inteligencia. Los recuerdos de aquellos años se amontonaban desordenados en su mente: la guerra civil, el nefasto episodio de su huída, los primeros contactos con Knappe, los mensajes cifrados, la tinta invisible, Lisboa, Londres, Normandía, …
Juan había elegido voluntariamente ser un personaje anónimo, se hallaba feliz con su vida sencilla en Venezuela, pero la propuesta que le hizo el británico le permitía liberarse de un secreto que llevaba guardando demasiado tiempo. El catalán no se lo pensó demasiado y aceptó escribir sus memorias en colaboración con Nigel West. Al principio, su familia se tomó a broma el asunto de la biografía. Nadie podía imaginar, ni siquiera su esposa, que aquel hombre afable y de aspecto bonachón, pudiera haber protagonizado un papel principal en la Segunda Guerra Mundial.

Páginas: 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10

Deja un comentario