La rocambolesca historia de Juan Pujol

Normandía

5 de Junio de 1944. Veinte mil soldados aliados preparan sus pertrechos para afrontar el que será conocido como “el día más largo”. Tomás Harris y Juan Pujol intentan mantener la calma encerrados en su apartamento de Londres. Quedan pocas horas para el desembarco pero todavía tienen que dar una vuelta de tuerca más a la operación Fortitude. Durante la noche del 5 al 6 de Junio Almura (Haines) telegrafía a Madrid en repetidas ocasiones para anunciar la inminencia del ataque. Harris devora un cigarro tras otro mientras Pujol recorre su estancia de un lado a otro como león enjaulado.

7. Omaha

El operador de radio alemán no recepcionó el mensaje hasta las ocho de la mañana cuando miles de soldados yacían ya en las playas normandas. Este hecho provocó la indignación de Arabel que mostró a sus superiores su indisimulado disgusto e incluso amenazó con abandonar su labor.

“Exijo una aclaración inmediata de los sucedido, pues si como sospecho Almura no cumplió con su deber, estoy absolutamente decidido a abandonar servicio de radio hasta que pueda encontrar otra solución. Estoy disgustadísimo, pues en esta lucha a vida o muerte no puedo admitir disculpas ni negligencias […] Si no fuese por mis ideales y fe, abandonaría este trabajo como fracasado.”

De este modo, Arabel, Garbo, …Pujol, no sólo había logrado su objetivo de debilitar la defensa de Normandía sino que había conseguido algo tan valioso como lo primero: mantener intacta su credibilidad incluso después del desembarco. Esto le permitió prolongar el alcance de Fortitude, un hecho determinante para el éxito de la misión. El catalán perseveró en su idea de que la ofensiva principal se produciría en Calais y convenció a los germanos de que Normandía tan sólo había sido una maniobra de distracción. Mientras tanto, británicos, norteamericanos y canadienses, aprovecharon el boquete que se había abierto en la costa francesa – y la tibieza en la respuesta alemana – para colar miles de soldados en el continente. Las poderosas divisiones panzer atrincheradas en Calais podrían haber aplastado la invasión pero permanecieron inmóviles. Hitler perdió su gran oportunidad y la herida abierta en Normandía se tornó en fatal hemorragia.

Fortitude fue un éxito rotundo. El desembarco aliado había pillado a contrapié a toda la plana mayor de la Wehrmacht. El propio mariscal Rommel, máximo responsable del muro de defensa atlántico se hallaba en Alemania en una celebración familiar. Un dato significativo que demuestra hasta qué punto funcionó el enorme fraude diseñado por el MI5 y la eficacia en la labor de desinformación desempeñada por Garbo.

El resto de la historia es bien conocida, la Wehrmacht nunca se recuperó del golpe sufrido en Normandía y apenas tres meses más tarde la infantería norteamericana entraba victoriosa en las calles de París. El III Reich se desmoronaba y en Abril de 1945 las tropas soviéticas arrasaron la ciudad de Berlín. Adolf Hitler se suicidó pocos días antes de la capitulación, el 8 de Mayo de 1945.
Dicen los expertos que, con o sin Normandía, la guerra habría caído igualmente del bando aliado. Probablemente sea así pero lo que no cabe duda es que el día D supuso el punto de inflexión que aceleró el final del mayor conflicto bélico del siglo XX. Juan Pujol siempre se sintió orgulloso de haber contribuido a este final y le gustaba pensar que aquellos meses de intenso esfuerzo habían permitido ahorrar miles de muertes inútiles.

El cese de Arabel

Tras el día D, Pujol prosiguió su labor tal como venía haciendo desde que entró en contacto con la embajada alemana tres años atrás. Federico esperaba con impaciencia nuevas noticias, pero el esperado ataque en Calais no llegaba y finalmente, el español comunicó a Madrid que la gran ofensiva había sido cancelada. El motivo era obvio: después de los excelentes resultados cosechados por los aliados en Normandía, no había razón de ser para una nueva invasión. Pese a todo y a pesar de la derrota en Francia la valoración de Arabel era máxima. Tanto es así que, a petición de los responsables del Abwehr, Adolf Hitler aprobó la concesión de la Cruz de Hierro de segunda clase en favor de Juan Pujol García, un honor para cualquier servidor del III Reich.

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