La rocambolesca historia de Juan Pujol

Valga como ejemplo el caso del agente William M. Gerbers. Las tropas aliadas preparaban una ofensiva para intentar recuperar el control del norte de África. Una importante flota zarpó del puerto de Liverpool y hubiera sido inaceptable que los colaboradores de Arabel no hubiesen informado de ello. Harris y Pujol lo solucionaron de una forma drástica: Gerbers, el agente que controlaba aquella zona, debía morir. Sólo así se podría justificar la falta de noticias sobre la puesta en marcha de aquella operación. Una esquela publicada en la prensa local, bastó para dar mayor veracidad a la muerte de William Gerbers.

Operación Fortitude

Entretanto la guerra proseguía su devastador curso dejando miles de muertos en uno y otro bando. El alto mando aliado deseaba acelerar el final de la contienda y puso en marcha toda su maquinaria bélica con el objetivo de asestar el golpe definitivo a la Alemania nazi. En primer lugar proyectó la invasión de la Italia de Mussolini. El desembarco aliado en Sicilia en Julio de 1943 supuso el esperanzador comienzo de lo que debía ser la liberación del yugo fascista que asfixiaba la casi totalidad de la Europa continental. La segunda gran maniobra que ideó el Estado Mayor, la que debía precipitar el fin de la guerra, tenía como objetivo la incursión de un gran ejército anglo-americano en el norte de Francia. En este caso el factor sorpresa se antojaba imprescindible y para ello fue necesario desarrollar una compleja labor de desinformación donde Garbo ocupó un papel estelar. Este trabajo de intoxicación informativa estaba englobado en una maniobra de engaño a gran escala que trató de sembrar la confusión y el desconcierto en el seno del Abwehr. Los aliados echaron mano de toda su creatividad para intentar engañar a los aviones de reconocimiento de la Luftwaffe. Concentraron falsos ejércitos allá donde les interesó desviar la atención de los germanos; carros de combate de cartón piedra, muñecos hinchables uniformados, falsos movimientos de buques,…, una actividad frenética que fue reforzada con una estudiada puesta en escena del servicio de inteligencia. Hasta tal punto llegó la comedia que mientras Eisenhower y Montgomery discutían en el sur de Inglaterra los pormenores de la invasión, un doble de este último se paseaba por las calles de Gibraltar intentando desviar la atención de posibles observadores. Todo debía cuadrar y la red Garbo necesitaba aportar la información precisa para que los generales germanos cayesen en la trampa. Gracias a esta labor, Hitler y su Estado Mayor, nunca abandonaron la idea de que el ataque decisivo podría producirse en Noruega. La gran cantidad de regimientos destacados en Escocia, algunos de ellos de cartón, así parecía indicarlo.

7.  Fortitude

En cualquier caso, al margen de las debidas precauciones en el frente escandinavo, los alemanes sabían que su auténtico talón de Aquiles podría ser el litoral francés, debido a su extraordinaria proximidad con Gran Bretaña. El gran reto de los agentes británicos, incluido Pujol, consistió en hacer creer al Abwehr que la ofensiva final se produciría por el paso de Calais, alejando el grueso de la Wehrmacht del verdadero lugar elegido para el asalto: Normandía. Por aquel entonces hacía ya tiempo que Arabel había cambiado la tinta invisible por los mensajes de radio; contó a sus superiores que había conseguido, no sin dificultad, un equipo de transmisiones en el mercado negro londinense. Contaba también con el apoyo de un radiotelegrafista, de carne y hueso en esta ocasión. Se llamaba Charles Haines aunque en el eje Madrid-Berlín era conocido como Almura. El trío Haines–Harris–Pujol trabajó sin descanso en las semanas previas al día D. Los mensajes cifrados se sucedían a un ritmo vertiginoso dando cobertura a Fortitude, nombre en clave con el que el alto mando aliado había bautizado aquella gran estrategia de engaño. Pero no sólo la red Garbo trabajó en la operación Fortitude, otros muchos agentes se encargaron de reforzar el fraude. Brutus, Tricycle, Tate,…, lograron hacer creer a los nazis que el ataque aliado no se produciría hasta bien entrado el estío.

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