La rocambolesca historia de Juan Pujol

En la soledad de su habitación de Estoril, donde se había mudado, puso en orden todos los datos de los que fue capaz y creó su segundo sub-agente, Carvalho, un portugués que residía en Newport y que podía aportar información valiosa sobre los movimientos de buques en el puerto de Bristol. Poco después trazó el perfil de Gerbers, de origen alemán, que se movía por la zona de Liverpool. De este modo, de la pluma mojada en tinta invisible de Pujol, nació la red de agentes de espionaje más asombrosa de la historia. Y todo ello sin haber puesto un pie en suelo británico. Federico Knappe esperaba con ansiedad cada noticia de su prometedor fichaje y se encargaba de enviar regularmente dinero y tinta invisible. Nunca sospechó que aquellos envíos no iban más allá de la capital portuguesa, ni tampoco que el piloto encargado de la correspondencia sólo existía en los renglones de aquellas misivas.
Poco a poco los informes fueron haciéndose más extensos. A Pujol le gustaba adornarlos con ricas descripciones y comentarios personales. Una frivolidad que le llevó a cometer graves errores que fácilmente podían haber destapado la gran farsa. Una de las meteduras de pata más insólitas se produjo cuando, refiriéndose a un posible colaborador de los suburbios de Glasgow, dijo de él que sería capaz de cualquier cosa a cambio de un litro de vino. Increíblemente, ni a Federico, ni a ningún otro miembro del Abwehr, les llamó la atención el comentario sobre un escocés amante del vino. Su ceguera era tal que tampoco dieron importancia a los frecuentes deslices del catalán cuando sumaba erróneamente chelines y peniques. Definitivamente los alemanes estaban entregados a Arabel, nombre en clave con el que nombraron al español.
En medio de aquel trasiego de correspondencia entre Lisboa y Madrid, uno de aquellos mensajes marcó un punto de inflexión en la rocambolesca historia de Juan Pujol. Podía haber sido un informe más, uno de tantos, pero las circunstancias quisieron que aquel mensaje abriera por fin las puertas del servicio de inteligencia británico. Arabel había informado al Abwehr de que un importante convoy había zarpado de aguas inglesas con la orden firme de penetrar en el Mediterráneo y poner rumbo a Malta. La isla estaba siendo asediada por los nazis y la importancia geoestratégica de aquel enclave obligaba a la marina británica a procurar su defensa. Ante esta noticia, el Estado Mayor alemán desvió gran parte de su armada para defender la entrada del Mediterráneo, rebajando de este modo la presión sobre la pequeña isla. Pujol fue el primer sorprendido al observar el movimiento de tropas. No había planeado en absoluto la inmediata reacción de la marina nazi y su único propósito había consistido en aportar un informe con cierto contenido militar que acrecentara su reputación como informador. Sin embargo, ese don de la oportunidad que parecía acompañarle provocó un gran despliegue de las fragatas y submarinos alemanes y propició finalmente el interés del MI6.

7.  Convoy
El servicio británico de inteligencia hacía tiempo que seguía la pista del misterioso Arabel. Habían interceptado sus mensajes desde el comienzo de su actividad y observaban atónitos el contenido de los mismos, ¿quién era Arabel?, ¿se trataba de un agente doble?, ¿por qué demonios enviaba aquellos informes llenos de datos inexistentes? Al margen de estas preguntas, lo que no admitía duda era la enorme credibilidad de que gozaba Arabel entre el alto mando germano. El episodio del convoy de Malta confirmaba este hecho y supuso la espoleta definitiva para que el servicio secreto británico decidiese localizar a aquel excéntrico agente. Las investigaciones dieron sus frutos, los datos acercaban Arabel a Pujol.

Gran Bretaña al fin

El MI6 confirmó que Arabel y aquel españolito que tantas veces había sido ninguneado en la embajada británica, eran la misma persona. En cuanto a los alemanes, seguían padeciendo una sorprendente ceguera en lo relativo a Pujol. Ni siquiera el inexistente convoy de Malta les hizo abrir los ojos, la confianza en Arabel era absoluta. Desde el punto de vista inglés sin embargo, se había abierto un nuevo escenario.

Páginas: 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10

Deja un comentario