La rocambolesca historia de Juan Pujol

Así las cosas, la opción aparentemente más sencilla era cruzar la frontera con Francia de modo que, con esta idea en la cabeza, buscó trabajo en un pueblecito de Gerona. Durante semanas estuvo preparando su plan de fuga: estudió los posibles caminos, se preparó físicamente, calculó el tiempo de la travesía,…, pero cuando ya lo tenía todo casi a punto una fatal noticia llegó a sus oídos. Un grupo de fugitivos había sido abatido a tiros muy cerca de territorio francés. Ante el aumento creciente de este tipo de fugas, los controles se habían intensificado en las inmediaciones de la frontera. Esta noticia acabó con los planes de Pujol y derrumbó sus esperanzas. Deprimido y desorientado regresa a Barcelona, pero también allí se siente cautivo. Su condición de desertor le impide recuperar su vida anterior y relacionarse con su entorno. El estrés que le causa vivir escondido detrás de una falsa identidad le conduce a un nuevo objetivo. El catalán decide huir al bando nacional y entiende que la manera más fácil es hacerlo desde el frente. Una idea que hoy puede parecer peregrina pero que en aquellos días a Juan le pareció la única alternativa posible. Se alista como voluntario y en pocas semanas se encuentra listo para el combate en las trincheras que se extienden a lo largo del frente del Ebro.

Juan Pujol

Por aquel entonces la contienda ya estaba claramente decantada a favor de los nacionales y las fugas de soldados republicanos eran relativamente frecuentes. Pujol encontró rápidamente dos compañeros que compartían sus mismos propósitos. No había tiempo que perder, así que una clara noche de Agosto los tres desertores deciden iniciar la fuga. La ansiedad les guió hacia una huída precipitada, de manera que nada más abandonar sus trincheras ya tenían una patrulla siguiéndoles los talones. Sus dos camaradas lograron alcanzar las líneas enemigas sin demasiados contratiempos pero Pujol, preso del pánico y la confusión, anduvo vagando por colinas y hondonadas absolutamente perdido. Cuando por fin creyó haber encontrado la meta, fue acribillado a balazos y tuvo que parapetarse tras unos arbustos. Su torpe y chapucera escapada le había devuelto a las trincheras republicanas, un episodio desconcertante que poco hacía presagiar su exitoso futuro como agente de inteligencia. Sea como fuere, el catalán logró salvar el pellejo milagrosamente ocultándose a muy pocos metros de sus perseguidores, escondido entre la hojarasca del terreno. Cuando finalmente consiguió llegar al bando franquista, se encontraba exhausto y todavía atemorizado. Había conseguido el objetivo que se había marcado pero… ¿cómo iba a ser su vida en adelante?

“La verdad es que después del intento y con los obstáculos que se presentaron, llegué a pensar, y sigo pensándolo ahora que de estar de nuevo en la misma encrucijada no volvería a cometer semejante acción. Mi paso a las líneas de los nacionales fue la más complicada, comprometida y majadera actitud con la que me he tropezado en toda mi larga y aventurera existencia.”

El cambio de bando no parecía haber mejorado su situación, especialmente cuando fue enviado a un campo de concentración en Deusto donde las condiciones de los reclusos eran deplorables. Pero la suerte empezó a cambiar para Juan; un religioso, viejo amigo de su padre, acudió en su ayuda y pudo utilizar su indudable influencia para liberarle. Poco tiempo después tuvo que incorporarse al ejército nacional pero afortunadamente la guerra expiraba y Pujol se libró de entrar en combate.

Entreguerras

Tras licenciarse del ejército Juan se estableció en Madrid donde consiguió emplearse como gerente de un hotel. Intentaba recuperar la placidez de la que había gozado antes de la maldita guerra pero pronto se dio cuenta que el fascismo franquista era tan detestable como el extremismo comunista. Pujol volvía a sentir una sensación de asfixia en aquella España de 1939. Contemplaba con horror la indisimulada adhesión del régimen español a la Alemania nazi. Nuevamente sumido en un profundo desasosiego volvió a valorar la idea de salir del país pero por el momento sólo se trataba de una ilusión difícil de convertir en realidad.

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