En busca de las fuentes del Nilo

Muchas de las personas que han tenido la fortuna de viajar a África regresan enamoradas del continente negro. La belleza de sus puestas de sol, la grandiosidad de los paisajes, los antiquísimos ritos tribales…, un cúmulo de sensaciones que casi siempre resultan fascinantes para el viajero.

Los exploradores del siglo XIX tal vez no tuvieron tiempo de extasiarse con los atardeceres africanos pero no cabe duda que fueron seducidos por el embrujo de esta tierra llena de misterios. De otro modo no se entendería como fueron capaces de sobreponerse a tantas dificultades. Los interminables desiertos, la selva exuberante, la hostilidad de algunas tribus caníbales, las enfermedades…, un sinfín de obstáculos pusieron a prueba la resistencia física y mental de aquellos hombres que decidieron arriesgarlo todo por alcanzar sus metas.

Hombres valientes sin duda, sin embargo el perfil de alguno de ellos quizá no corresponda con el ideal romántico del explorador decimonónico. La ambición, la traición e incluso la crueldad también tuvieron cabida en las numerosas expediciones que se llevaron a cabo en aquel periodo. Sea como fuere, desde Burton hasta Stanley, fueron muchos los aventureros que escribieron sus nombres con letras de oro en la apasionante historia de la exploración africana.

Durante siglos, África guardó celosamente numerosos secretos acerca de su geografía. Sin duda, uno de los que más especulaciones generó a lo largo del tiempo fue la ubicación del nacimiento del Nilo, un río que desde la antigüedad fue considerado como fuente de vida y prosperidad y que posibilitó el florecimiento de la civilización egipcia. La búsqueda de sus fuentes constituyó el anhelo de multitud de pueblos y generaciones.

Antecedentes

En el antiguo Egipto ya se conjeturaba sobre el origen de su río sagrado. También los griegos se interesaron por conocer sus fuentes. Incluso los romanos, en tiempos del emperador Nerón, organizaron una expedición que les llevaría hasta las ciénagas de Sudán. Pero de entre todas las hipótesis del mundo antiguo sobre las fuentes del Nilo, quizá la más asombrosa sea la del geógrafo alejandrino Claudio Ptolomeo que allá por el siglo II d.C. dibujó un mapa del “padre de los ríos” con un razonable parecido a la realidad. Localizó también con bastante acierto los dos grandes lagos desde donde fluyen sus aguas, así como las denominadas “montañas de la luna” que abastecen a éstos.

El interés por desvelar el secreto del Nilo nunca se desvaneció del todo y a lo largo de los siglos se repitieron búsquedas y fracasos. En pleno siglo XIX el enigma seguía sin resolverse y se había convertido en el mayor desafío geográfico para la sociedad europea. En este contexto, Inglaterra, que aspiraba a tener un papel preeminente en la exploración africana, se arrogó la responsabilidad de acabar de una vez por todas con el misterio del Nilo. En 1856 la Real Sociedad Geográfica encargó al oficial británico Richard Burton el apresto de una expedición con rumbo al corazón de África.

Burton y Speke

Richard Francis Burton fue uno de los hombres más deslumbrantes del siglo XIX. Su enorme personalidad y su fuerte temperamento le granjearon no pocos enemigos aunque también congregó fieles admiradores.
3.  Richard BurtonFue un hombre polifacético que vivió con gran intensidad todos los proyectos que abordó. Según sus biógrafos, el leitmotiv de su vida fue la búsqueda continua de su propia esencia como ser humano y de su papel en este mundo. Quizá por este motivo se fraguó ese personaje audaz, apasionado, excesivo, pero sobre todas las cosas, fiel a sí mismo.

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