Aventuras y desventuras de Alvar Núñez Cabeza de Vaca

“Y cuando llegué cerca de los ranchos que ellos tenían, yo ví el enfermo que íbamos a curar que estaba muerto; y ansí, cuando yo llegué hallé el indio los ojos vueltos y sin ningún pulso, y con todas señales de muerto […] y nuestros indios se quedaron allá; y a la noche se volvieron a sus casas, y dijeron que aquel que estaba muerto y yo había curado en presencia de ellos, se había levantado bueno y se había paseado, y comido […] Esto causó muy gran admiración y espanto, y en toda la tierra no se hablaba de otra cosa”

Los hijos del Sol

A pesar del éxito como curanderos, el hambre seguía siendo atroz. Aquellas desoladas tierras apenas ofrecían recursos alimenticios y las condiciones de vida eran miserables. Tampoco habían olvidado su gran objetivo que no era otro que el de encontrar algún lugar civilizado, de modo que decidieron abandonar el pueblo Avavar y proseguir el camino. Los cuatro camaradas viajaban en un lento peregrinar, transitando por terrenos desconocidos, semidesnudos y casi siempre hambrientos.

En el verano de 1535 vadearon un gran río y al poco, alcanzaron un poblado donde fueron recibidos entre gritos de júbilo. Se trataba del río De las Palmas, conocido hoy en día como Río Bravo, que delimita la frontera entre México y el estado norteamericano de Texas. Los pobladores de aquel lugar, en las inmediaciones de lo que hoy es la ciudad de Reynosa, hicieron una gran fiesta en honor de los recién llegados, bailaban a su alrededor y se mostraban ansiosos por tocar a aquellos seres que habían obrado tantos milagros. Los españoles contemplaban atónitos como la muchedumbre les envolvía y les llevaba en volandas de un sitio para otro en una ceremonia delirante donde los cristianos, dejándose llevar, no paraban de santiguar a un indio tras otro.

Pero el camino debía seguir y Alvar Núñez no se detuvo. Al cabo de unos días reanudaron la marcha y para su sorpresa, se vieron rodeados de una multitud de enfervorecidos seguidores. Comenzó así una insólita travesía, donde la muchedumbre que acompañaba a los cuatro náufragos arrasaba cada poblado por el que pasaban y los que eran saqueados se unían al grupo, cada vez más numeroso, para hacer lo mismo en la parada siguiente. Los españoles se habían convertido en una especie de ídolos semidivinos y los indígenas, en unos casos por temor, en otros por veneración, entregaban todo lo que tenían a aquellos seres a los que bautizaron como Hijos del Sol.

Cabeza de Vaca planeaba viajar hacia el Sur, al encuentro de los asentamientos españoles que creía cerca del río Pánuco, pero descartó esta ruta por temor a la hostilidad de las tribus que poblaban la costa del Mar del Norte (Golfo de México). Esta circunstancia, unida a la urgente necesidad de encontrar alimento, provocó que los españoles variaran el itinerario previsto para encaminarse hacia el noroeste bordeando el cauce del río De las Palmas (río Bravo).

En este tránsito conocieron decenas de pueblos, algunos de ellos sedentarios y dedicados a una primitiva agricultura. Los indios agasajaban en lo que podían a estos “Hijos del Sol” y les obsequiaban con pieles de bisonte, con las pocas piezas de caza que cobraban, o con maíz, un manjar que no paladeaban desde que seis años atrás abandonaran la isla de Mal Hado. En otras ocasiones, cuando la caza escaseaba, debían conformarse con comer arañas, gusanos o insípidos frutos silvestres.

La interminable caminata continuó de poblado en poblado y el grupo se fue haciendo más y más numeroso. Según relató Alvar Núñez años más tarde en su crónica “Naufragios”, la comitiva que les acompañaba llegó a contar con más de tres mil individuos. Un viaje realmente asombroso para unos hombres que únicamente contaban con su coraje y su fe en lo divino para acometer semejante marcha. Anduvieron cientos de kilómetros aguas arriba del río Bravo hasta llegar a la ciudad texana de El Paso [*]; desde Ciudad Juárez atravesaron de Este a Oeste el estado de Chihuahua para adentrarse en Sonora y alcanzar el Golfo de California.

5.  Mapa

[*] Para una mejor comprensión del itinerario seguido por Cabeza de Vaca, los nombres de pueblos y ríos de este párrafo corresponden a los usados en la actualidad.

 

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