Aventuras y desventuras de Alvar Núñez Cabeza de Vaca

“Yo, como vi esto, pedíle que, para poderle seguir, me diese un cabo de su barca […] El me respondió que ya no era tiempo de mandar unos a otros; que cada uno hiciese lo que mejor le pareciese que era para salvar la vida […] y diciendo esto, se alargó con su barca”

Todo parecía abocado al desastre más absoluto. Un puñado de hombres, sin apenas alimento, sin agua potable y a merced de las olas, se aferraba a la vida sin más esperanza que la de la divina providencia. Navegaron durante días al borde de la fatalidad hasta que una fría noche de Noviembre el oleaje catapultó a los marineros hacia una pequeña isla que posteriormente llamarían isla de Mal Hado (Galveston, Texas). Una vez en tierra pudieron hacer fuego para entrar en calor y poco a poco recuperar fuerzas. Iniciaron la exploración de la isla y pronto se toparon con diversos clanes de los indios Carancaguas. El estado de los españoles era tan deplorable que los indígenas los trasladaron consigo. Alvar Núñez y los suyos temían ser sacrificados pero su salud era tan débil que no tuvieron fuerzas para oponer resistencia. Los aborígenes procuraron cobijo y alimento a aquel grupo de moribundos que poco a poco fueron recobrando la salud.

En aquel poblado el de Jerez descubrió algunos objetos de procedencia cristiana y al indagar sobre ello se percató de que los indígenas habían tenido contacto con otros españoles. Intrigado por la pesquisa pidió ayuda para localizar a sus compatriotas. La alegría de Alvar Núñez fue inmensa al ver aparecer a los capitanes Alonso del Castillo y Andrés Dorantes junto a su tropa. Al igual que había ocurrido con él mismo, éstos habían vagado a la deriva para acabar naufragando de la misma manera no lejos de allí. Dorantes y los suyos quedaron conmocionados al ver a sus compañeros desnudos, escuálidos y sin apenas fuerzas para caminar. En aquel estado lastimoso hubiese sido imposible escapar de allí de modo que se resignaron a pasar el invierno en compañía de los Carancaguas. El frío invierno llegó y con él, la escasez de alimento. Las muertes se sucedían, tras aquel largo invierno tan sólo lograron sobrevivir quince expedicionarios.

Esclavitud y chamanismo

Los diferentes clanes de los Carancaguas eran en su mayoría seminómadas y se desplazaban, dependiendo del clima y las estaciones, en busca de territorios con mayores recursos. Siguiendo este tránsito migratorio Alvar Núñez fue separado de sus compañeros y convivió con diferentes tribus, trabajando como esclavo y recorriendo miles de kilómetros por lo que hoy es la costa de Texas.

Llegó un momento en el que los indios no se conformaron con el trabajo que desempeñaban sus esclavos blancos, principalmente de recolección, y quisieron obtener mayor rendimiento de ellos. Exigieron a los españoles que sanasen a los hombres enfermos, tal como ellos mismos hacían. Cabeza de Vaca intentó explicar a los nativos que aquella idea era absurda, que no sabía cómo hacerlo, ¡que era una locura! … Pronto cambió de idea al comprobar que si no había sanación tampoco había comida. De los indígenas “aprendió” sus métodos curativos: observó como soplaban sobre los enfermos, como llevaban a cabo su ritual de imposición de manos, como usaban piedras calientes para sanar,…, a lo que añadió sus nociones básicas de medicina convencional adquiridas en el campo de batalla. Este conocimiento y una indudable dosis de fortuna le procuraron un asombroso éxito en su nuevo rol de chamán-sanador.

5.  Chaman

Alvar Núñez se convirtió así en una especie de curandero ambulante que viajaba de poblado en poblado, siempre bajo la vigilancia de los guerreros de su tribu. De esta manera conoció otros pueblos donde no existía la esclavitud, lo que le espoleó a huir de la isla de Mal Hado para refugiarse, ya en el continente, entre los indios Chorruco. Allí comenzó a mercadear con caracolas de mar, conchas y cualquier objeto que fuese susceptible de trueque.
 

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