Aventuras y desventuras de Alvar Núñez Cabeza de Vaca

He de reconocer que la colonización americana no es mi género preferido. Quizá se deba a esa especie de estúpido complejo que muchos de mi generación padecemos respecto a esta etapa de la historia. Y digo estúpido complejo porque si bien es cierto que hubo mucha barbarie durante aquel periodo, no es menos verdadero que todas las potencias de aquel entonces entraban a sangre y fuego allá por donde les interesaba. Incluso podríamos ir más lejos y juzgar de la misma manera la ética de nuestro primer mundo quinientos años después, que tal vez de una manera menos manifiesta que en siglo XVI, intenta exprimir para su propio beneficio los recursos de los países menos desarrollados. Sería un interesante debate éste, pero lo dejaremos para otra ocasión.

Lo expuesto viene a cuento porque el presente capítulo está dedicado a Alvar Núñez Cabeza de Vaca, uno de aquellos aventureros del Nuevo Mundo, de los que siempre escuché hablar a mi padre. Todos somos hijos de nuestro tiempo y a mediados del pasado siglo, mi padre y su hermano pequeño no conocían ese complejo al que antes me refería. En su juventud, las epopeyas de la aventura americana llenaron muchas noches de entusiasmada lectura que años más tarde se convirtieron en largas tertulias familiares.

Espero que mi tío Javier disponga pronto de una conexión a internet para que pueda leer esta historia. Aunque sobradamente conocida para él, espero que le guste. Respecto a mi papá, estoy seguro que allá donde está ya la está disfrutando. Como en aquellas tertulias.

Cabeza de Vaca, un superviviente

Hay hombres predestinados a sobrevivir. Por muchos peligros que les acechen, por muchas adversidades que se crucen en su camino, cuando ya parecen vislumbrar el final, siempre encuentran una pequeña rendija por la que escapar. Alvar Núñez Cabeza de Vaca pudo haber abandonado este mundo en incontables ocasiones; combatió como soldado en diversas campañas, naufragó en las costas de la Florida bajo la furia de un huracán, fue esclavizado largo tiempo por indígenas norteamericanos, erró miles de kilómetros por territorios desconocidos, royó el cuero de sus botas para no morir de hambre, …, sin embargo el de Jerez encontró el óbito en su cama de Sevilla siendo ya septuagenario.

Son muchas las aventuras que disfrutó y otras tantas las desventuras que padeció. Probablemente la más conocida de ellas se produjo cuando atravesó de costa a costa los actuales Estados Unidos de América y el norte de México, en un penoso peregrinar que se prolongó durante ocho años. Aquel periodo supuso una auténtica odisea llena de penalidades que llevaron a Alvar al límite de su fortaleza física y mental. Años más tarde escribiría una interesantísima crónica sobre aquellas experiencias que ha llegado hasta nuestros días bajo el nombre de “Naufragios”. Este relato ha sido un texto de gran valor para los estudiosos del Nuevo Mundo; Cabeza de Vaca, adelantándose varios siglos al desarrollo de la antropología, recogió en sus narraciones numerosas observaciones etnográficas sobre las poblaciones indígenas, así como riquísimas descripciones de los territorios por los que transitó. En sus andanzas por tierras americanas no halló la gloria, ni consiguió riqueza ninguna, sin embargo su aventura constituye una de las gestas más asombrosas en la historia del Nuevo Mundo.

Pánfilo de Narváez

El descubrimiento de América marcó indudablemente el devenir del siglo XVI. Miles de europeos soñaron con una vida mejor. Un inmenso continente con una naturaleza exuberante y vastos territorios por explorar ofrecía una oportunidad inmejorable para prosperar. Los rumores sobre ciudades llenas de increíbles riquezas despertó la codicia de no pocos aventureros. Tal es así, que a muchos de ellos no les importó endeudarse hasta más allá de lo razonable con tal de emprender un viaje que parecía prometer éxito político o económico. Cabeza de Vaca no fue ajeno a esta fiebre americana y en 1526 solicitó un puesto en la expedición que capitaneaba Pánfilo de Narváez y que tenía como objeto conquistar el territorio comprendido entre el río de las Palmas (río Grande) y el cabo de la Florida. Por aquel entonces, la Casa de Contratación de Indias exigía una garantía monetaria a todos los oficiales que partían hacia el Nuevo Mundo y Alvar Núñez tuvo que empeñar todo su patrimonio. El gaditano anhelaba la gloria que habían alcanzado algunos de sus antepasados y las exigencias económicas no iban a entorpecer su camino hacia ella.
 

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