Urdaneta y el Tornaviaje

Las sucesivas guerras con los portugueses, que contaban con un buen número de galeones, fueron debilitando a Carquizano y sus hombres hasta que en una de las refriegas la “Santa María de la Victoria” sufrió graves daños que resultaron irreparables. Desgraciadamente tuvieron que abandonar la nave, desmantelando el navío antes de prenderle fuego. Los rudos marineros contemplaban consternados como se convertía en cenizas la que hasta entonces había sido su casa.

1.  Tempestad

Apenas les quedaba nada y de esta guisa hubieron de resistir largo tiempo, viviendo en precario y guerreando de cuando en cuando. Se hace difícil imaginar que fuerza interior les animaba a seguir combatiendo ¿lealtad a la corona, honor, ambición, ansias de gloria…? El caso es que este puñado de hombres continuó luchando a brazo partido en defensa de los intereses de Castilla hasta que en 1532 llegó una dolorosa noticia: Carlos V había vendido al rey de Portugal todos los derechos sobre las Molucas. En realidad este acuerdo se había pactado en 1528 a través del Tratado de Zaragoza pero hubieron de pasar cuatro años para que la noticia llegase hasta aquel confín del mundo. Algunos de los supervivientes se tomaron la noticia con alivio puesto que de esta manera y tras muchos años lejos del hogar, se atisbaba la posibilidad de regresar a España. Los sentimientos de Urdaneta sin embargo, no iban en la misma dirección. Un hombre de profundas convicciones como él, no entendía como se podía poner fin a una misión de aquel calibre por unos miles de ducados. Por si fuera poco, el guipuzcoano había forjado lazos muy profundos con los nativos y la idea de abandonar aquellas tierras y sus gentes le producía un gran desasosiego. No obstante, no hubo más remedio que asumir el nuevo escenario y los escasos supervivientes de la expedición de Loaysa, diez años después de su partida del puerto de La Coruña, se dispusieron a negociar con los portugueses su regreso  a casa.

Triste regreso. Adiós a las Molucas

Después de tantos años de enfrentamientos, los portugueses no tenían muchas ganas de facilitar la salida de aquellos locos que les habían causado tantos problemas, de tal forma que el regreso de los castellanos se demoró durante meses. Hernando de la Torre, que había asumido el mando tras la muerte de Carquizano, partió de las Molucas en 1534. Urdaneta no lo hizo hasta Febrero de 1535, acompañado de su hija Gracia. Tras atravesar el océano Índico doblaron el cabo de Buena Esperanza en la primavera de 1536 y atracaron en el puerto de Lisboa en Junio de ese mismo año. Al igual que su admirado Elcano, Andrés de Urdaneta llegaba a la península ibérica tras haber circunnavegado el globo pero a diferencia de los tres años de travesía del de Guetaria, Andrés había  dedicado casi once años de su vida a tamaña aventura.
Al llegar a Lisboa todavía le aguardaba una sorpresa más. Los portugueses seguían siendo muy conscientes de lo importante que era mantener el control de la ruta de las especias de manera que procedieron a confiscar toda la documentación que portaba el brillante marino: mapas, derroteros, anotaciones, cartas,… Urdaneta se sintió ultrajado, deseaba entrevistarse con el mismísimo rey de Portugal pero el embajador de Castilla, Luis de Sarmiento, le quitó la idea de la cabeza y con buen criterio le aconsejó huir. Los conocimientos de Andrés de Urdaneta sobre las Molucas eran tan valiosos que el embajador no estaba seguro de que se le permitiese salir de Lisboa. Andrés hizo caso del diplomático y huyó apresuradamente, junto a la pequeña Gracia, hacia la corte de Carlos V en Valladolid. Allí se presentó ante el Consejo de Indias y echó mano de su prodigiosa memoria para volver a documentar por escrito los detalles de aquellos casi once años de expedición. La corona estaba muy interesada en conocer todos los datos concernientes a la posible explotación comercial del sudeste asiático y nadie mejor que Urdaneta para elaborar los informes pertinentes. No en vano Andrés había adquirido un profundo conocimiento sobre aquellas islas en todos los ámbitos: náutico, geográfico, social, comercial,…

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