Urdaneta y el Tornaviaje

De la “San Lesmes” se cree que naufragó a consecuencia de una tempestad. La “Santa María del Parral” también logró salir del estrecho pero sufrió un motín y unos cuantos rebeldes tomaron el mando asesinando a los oficiales. En cuanto a la “Santa María de la Victoria”, trató durante algunas semanas de encontrar al resto de la armada pero la búsqueda fue en vano de manera que el almirante Loaysa ordenó reemprender la marcha hacia las islas Molucas.

Rumbo a Molucas

En el siglo XVI todo marino sabía que no sólo tendría que hacer frente a tempestades o huracanes. El hambre, las plagas de piojos, las enfermedades o los piratas, suponían una amenaza constante. El temido mal de encías (escorbuto) hacía estragos entre la tripulación de cualquier barco que se atreviera a navegar durante meses con escasez de alimentos frescos y la “Santa María de la Victoria” no fue una excepción. Fueron muchos los hombres que enfermaron, entre ellos el oficial al mando, García Jofre de Loaysa, que murió el 30 de Julio de 1526. Elcano, como segundo de a bordo, le sucedió en el mando pero poco pudo disfrutar de su nuevo cargo porque a los pocos días del óbito de Loaysa se sintió gravemente enfermo. En el lecho de muerte hizo llamar a Urdaneta para dictar testamento, otro signo éste de la confianza de que gozaba Andrés a pesar de su juventud. El gran almirante Juan Sebastián Elcano, el primer hombre en circunnavegar el globo, fallecía el 6 de Agosto de 1526 en aguas del Pacífico.
Las enfermedades iban menoscabando la tripulación y las bajas se sucedían día tras día. El siguiente gran objetivo era alcanzar las islas de los Ladrones (islas Marianas) donde, a decir de Elcano, podrían mercadear con los nativos y abastecerse de agua y alimento. A partir de aquel lugar las islas eran numerosas y próximas unas de otras, de manera que podrían solucionar el problema del avituallamiento. La de los Ladrones fue la primera de las muchas islas que inspeccionaron hasta que en el mes de Octubre arribaron por fin a las Molucas bajo las órdenes de otro guipuzcoano, Martín Iñiguez de Carquizano.

Ocho años de aventuras

Habían sido muchas las peripecias acontecidas en tan largo viaje pero la verdadera aventura no había hecho sino comenzar. En Molucas, este grupo de supervivientes tuvo que hacer frente a multitud de contiendas. Por un lado estaban los portugueses, que llevaban años explotando comercialmente las especias y que por el Tratado de Tordesillas de 1494 se consideraban dueños de aquella parte del mundo. Las escaramuzas eran constantes y en una de ellas Andrés de Urdaneta sufrió graves quemaduras; aunque logró recuperarse, su rostro quedó marcado para siempre. En cuanto a los nativos, se lograron diversos acuerdos y alianzas pero también se produjeron duras refriegas con algunas tribus menos amistosas.

1.  Cañones

Urdaneta  gustaba mucho de relacionarse con los indígenas y desarrolló grandes habilidades diplomáticas. En ocasiones, algunos jefes tribales pedían ayuda a los españoles para combatir contra tribus enemigas, otras veces eran los indios los que prestaban su ayuda en la lucha contra los portugueses, muy superiores en número. Durante los años que permanecieron en aquellas islas Andrés de Urdaneta se esforzó por integrarse con sus pobladores, incluso aprendió la lengua malaya predominante y algunos dialectos locales, otra prueba más de las grandes aptitudes del guipuzcoano. De su convivencia con los nativos aprendió infinidad de cosas sobre la navegación local y fue almacenando en su memoria datos y experiencias que, años más tarde, resultarían de gran importancia para abordar el tornaviaje. Tantos años en Molucas dieron para mucho, hasta el punto que, entre escaramuzas, exploraciones y batallas, el guipuzcoano aún tuvo la oportunidad de encontrar el amor. Andrés de Urdaneta tuvo una hija a la que llamó Gracia, como su abuela, pero con gran dolor tuvo que ver como la madre no conseguía sobrevivir al parto.

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