Urdaneta y el Tornaviaje

Marino, soldado, cosmógrafo, explorador, evangelizador, diplomático,… Todas estas facetas conforman la personalidad de Andrés de Urdaneta, un personaje  fascinante, navegante sin parangón y que sin embargo, a pesar de la enorme consideración que obtuvo de sus contemporáneos, su fama parece haberse diluido con el paso de los siglos. De hecho podríamos decir que se trata de una de las figuras más injustamente olvidadas en los libros de Historia. No obstante, a tenor de las aventuras que protagonizó, muchos historiadores lo sitúan a la altura de otros grandes navegantes como Magallanes, Cook o Colón.

1.  Andres de Urdaneta

Fue casi al final de su vida cuando logró uno de los hitos en la historia de la navegación al descubrir el “tornaviaje”, la ruta de vuelta desde Asia hasta América atravesando el Pacífico. Quizá hoy pueda parecer baladí pero en el siglo XVI el tornaviaje fue un descubrimiento de enorme trascendencia y supuso el desarrollo de una importantísima línea comercial. Las islas Filipinas se convertirían en el puente necesario que hacía posible el comercio de las Indias con Europa a través de América. Tal fue la importancia de esta vía marítima que, la llamada “ruta de Urdaneta”, permaneció en activo durante más de doscientos cincuenta años a través de lo que se conoció como Galeón de Manila.

Juan Sebastian Elcano

Pocos años antes  del comienzo de las aventuras de Andrés de Urdaneta había tenido lugar la expedición marítima de Magallanes y Elcano, habiendo conseguido este último ser el primer hombre en circunnavegar el globo. Tras innumerables peripecias y tres años de larga travesía logró arribar a Sanlúcar de Barrameda en Septiembre de 1522. A su llegada a España Juan Sebastián Elcano adquirió gran renombre, especialmente en su Guetaria natal y en las comarcas colindantes donde vivía el joven Andrés. ¿Qué pasaría por la cabeza de un muchacho de catorce años con ansias de nuevas emociones al conocer la historia de su paisano? Urdaneta amaba con pasión el mar y la gesta de Elcano no hacía sino acrecentar sus sueños de gloria. Poco sabía entonces que las aventuras no tardarían muchos años en llamar a su puerta.
Habían transcurrido treinta años desde el descubrimiento de América y por aquel entonces Castilla y Portugal mantenían una dura pugna por tener el control del sudeste asiático, de enorme valor comercial. El regreso de Elcano con un enorme cargamento de clavo provocó grandes expectativas en la corona de Castilla, de tal manera que Carlos V se apresuró a ordenar la preparación de una gran expedición con el objetivo de asentarse en las islas Molucas. Conviene no olvidar el gran valor económico que suponían las especias en la sociedad europea de aquel tiempo; el clavo, por poner un ejemplo, llegó a ser más valioso que el oro y las noticias traídas desde el otro extremo del mundo despertaron la codicia del emperador. Al mando de la armada se dispuso al noble García Jofre de Loaysa y como piloto mayor y segundo de a bordo a Juan Sebastián Elcano. En este nombramiento pudo más el linaje de Loaysa que el conocimiento de Elcano, hecho que no sorprendería ni aún en nuestros días.

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